lunes, 5 de mayo de 2014

El viejo Roble, el mojón de Valcavado

Este es el nombre que recibe el paraje en el que coinciden los términos de San Pantaleón del Páramo, Montorio y Huérmeces. Y su denominación no engaña, un roble de grandes dimensiones domina el lugar.



Se trata de un quejigo (Quercus faginea) que, aparte de su tamaño y edad, tiene otra particularidad: la piedra atrapada en el vértice de entronque de sus dos ramas principales.




Su estado general es bueno, aunque tiene dañada la corteza en la mitad inferior de su tronco.



Las vistas desde el lugar no decepcionan: Valcavado, San Vicente, Monte Rallastra, Los Cotorros, La Cabañuela, Valmares...

La Cabañuela

Valmares y Buzón

Valcavado, el vallejo de los avellanos
San Vicente y Los Cotorros

Rallastra y su monte

El sendero para llegar a El Roble parte de la carretera de Pantaleón, antes de llegar a Valcavado, aprovechando en parte el camino abierto hace más de treinta años por una compañía de prospecciones petrolíferas.

Aulagas, encinas y líquenes en las proximidades de El Roble
Valcavado

Hojas recién brotadas de Quercus faginea







BANDA SONORA


Apenas existen, que yo sepa, canciones que nos hablen de robles, de viejos robles. Así que la única que a muchos nos viene rápidamente a la memoria musical es aquella que nos cuenta la historia de un viejo roble como posible soporte de los anhelos de un ex convicto que, en su vuelta a casa, desea saber si su antigua pareja aún le aguarda; y qué mejor manera de preguntarlo que pidiéndole a la susodicha que, si la respuesta es afirmativa, ate una cinta amarilla alrededor de un viejo roble. La idea suena realmente bien, hay que reconocerlo, y le entran a uno ganas de ser ex convicto.

Era el año 1973 cuando, Tie a Yellow Ribbon 'Round the Ole Oak Tree, alcanzó un rotundo éxito en todo el mundo. Ha llovido mucho desde entonces, tanto meteorológica como lacrimosamente hablando, ya que la canción finaliza afirmando que, cuando el autobús del ex convicto llega a su destino, no hay una, sino ¡cien! cintas amarillas atiborrando tronco y ramas del atribulado roble. Lloren, lloren sin recato, que lo sucede en este blog no sale de este blog.

La versión más aclamada fue la interpretada por Tony Orlando and Dawn, un trío vocal formado por un cantante blanco y bigotudo (el tal Orlando) y dos afroamericanas de cinéfilo nombre (Telma and Joyce); la canción copó las listas top ten de un montón de países y, hoy en día, continúa siendo consciente o inconscientemente tarareada y silbada por generaciones y generaciones de humanos de ya cierta edad.

Entre la multitud de versiones que brotaron por todo lo largo y ancho de este mundo destacan las de Johnny Carver, Bing Cosby, Domenico Modugno, Dean Martin, Frank Sinatra, Harry Connick Jr, Dolly Parton y, en España, la del entonces popular trío pucelano-palentino Los Mismos, que adaptó la canción al castellano bajo el más anodino título de Pon una cinta en el viejo roble. Por problemas de rima, la traducción perdió por el camino tres palabras clave, ya que no es lo mismo "poner" que "atar", como tampoco es lo mismo una "cinta amarilla" que una "cinta" a secas y, sobre todo, no es ni parecido "en" que "alrededor de". Más que anudar todo un símbolo amoroso alrededor del viejo roble, la versión en castellano parece que habla de colocar la cinta como si de una placa de coto de caza -o de límite municipal- se tratara. ¡Ah, cuanto daño hace a veces la traducción al mundo de la canción!

No obstante, y sin ánimo de polémica alguna, sirva este revival musical para recordar también el verdadero significado del lazo amarillo, en contra del que nos han intentado vender en los últimos tiempos.  




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