miércoles, 25 de febrero de 2015

Un lugar con fotogenia



Una pequeña lista de los mejores lugares desde los que fotografiar el pueblo de Huérmeces


Desde el Este:

Creo que es la orientación idónea, aunque para evitar situaciones de contraluz, sería preferible tirar las fotografías antes del mediodía.


Desde la ladera de la Cuesta El Cuerno o en el arranque de la subida del Camino de Castrillo, y como telón de fondo, la variedad de fincas, cultivadas o adandonadas, de las laderas del Páramo (Uyestro, Las Juncadas, El Perdigón).

La Iglesia y el Torreón, a la derecha, y el Palacio de Abajo, a la izquierda, enmarcan el conjunto del caserío. Unicamente la ermita y el Palacio de Arriba se echan en falta.



Si la cámara dispone de suficiente “zoom”, pueden obtenerse diversas combinaciones parciales entre el Torreón y la Iglesia.



También Cotejón es un buen lugar, aunque en este caso el pueblo aparezca enmarcado por las formaciones rocosas a ambos lados del camino de Castrillo.



Desde el Oeste:

Preferentemente al atardecer, desde las laderas del Páramo o desde el mismo Páramo. Justo enfrente del pueblo o con una ligera desviación hacia el Norte, casi enfrente de La Coronilla.


En este caso, serán las laderas de la Cuesta El Cuerno y aledaños las que servirán de fondo al casco urbano. Son menos espectaculares que las del lado contrario, pero tampoco están mal. Puede abrirse el campo visual hasta incluir en la foto el Palacio de Arriba.


También pueden obtenerse curiosas vistas desde el camino que va desde el Puente Vega hasta el Puente de la Pradera. Los árboles del río apenas dejan entrever la Iglesia o el Torreón, pero el contraste entre la piedra de éstos y el verde de los chopos puede merecer la pena. Las columnas del tendido eléctrico ("los postes de la luz") siempre pueden eliminarse con Photoshop.


Desde el Norte:

La toma más evidente es desde La Coronilla, el cerro que domina sobre la ermita de Cuesta Castillo. Incluyendo en la foto ermita, Palacio de Arriba e Iglesia, los resultados nunca defraudan.

Desde la ladera de Isilla también pueden obtenerse buenas tomas, sobre todo en días nublados. Podemos incluir en la foto tanto a La Coronilla como al Torreón.

También puede merecer la pena subir a Las Torcas de Val (alto de la carretera de Ruyales) o al castro de San Vicente, aunque Huérmeces aparezca ya demasiado lejos.



Desde el Sur:

Desde La Loma o el camino de Valdeporros, cuando únicamente aparecen la Iglesia y la ermita, o quizás desde un poco más arriba, cuando lo hacen los dos palacios también, con San Vicente, el Alto La Cruz y la Ermita.

Desde las laderas más allá de Guardalobón, ya en término de Santibáñez, el pueblo aparece muy alejado, pero destacan aún más las formaciones rocosas que rodean Huérmeces por el norte: Alto de Valdegoba, Isilla,...


El período comprendido entre mediados de mayo y primeros de julio es el que más posibilidades tiene de plasmar una buena foto: desde la contundencia de los tonos verde oscuros hasta la riqueza cromática de ocres y verdes de pricipios de verano.

Muy mal fotógrafo tienes que ser para que entre esas fechas los resultados no sean buenos. Calendarios y libros aprovechan las fotos primaverales y de comienzos de verano para ilustrar cifras y letras.

Aunque, personalmente, no desdeñaría los tonos que presenta el septiembre castellano, con los campos agostados pero ya con alguna bruma matinal, barruntando el otoño próximo.

De todas formas, si lo tuyo no es la fotografía, siempre te quedará la posibilidad de pintar un cuadro. Tranquilamente, en tu casa, con una foto prestada como modelo, sin tener en consideración orientaciones, situaciones ni calendarios. Eso sí, puede llevarte algo más de tiempo. 

Huérmeces, basado en una fotografía de 1988. Pintado por O'Feisan, Valle del Tiétar (Enero de 1990)

martes, 17 de febrero de 2015

La Parcelaria



La concentración parcelaria llegó a Huérmeces en la segunda mitad de los años 70 del siglo pasado. La primera cosecha realizada ya en las nuevas parcelas de reemplazo fue la del año 1978.

El Ministerio de Agricultura, en un intento por disminuir el grave problema de minifundismo que asolaba a gran parte de las comarcas agrícolas de la mitad norte del país, promulgó en el año 1973 la Ley de Reforma y Desarrollo Agrario.

Uno de los objetivos de la nueva Ley era mejorar la bajísima productividad de la agricultura española, actuando directamente por la excesiva fragmentación de la propiedad. Ese mismo año, se creó el Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA), brazo ejecutor del proceso de concentración parcelaria en España hasta que, a principios de los años 80, se transfirieron sus competencias a las diferentes comunidades autónomas.

Huérmeces fue uno de los primeros municipios de entonces en solicitar la concentración. Y así, en abril de 1974, la C.P. de Huérmeces fue declarada de utilidad pública, aunque no fue hasta 1977 cuando se alcanzó el acuerdo definitivo, y hasta 1985 cuando se finalizó completamente todo el procedimiento.

ANTES DE LA CONCENTRACIÓN: Zona Oeste del término de Huérmeces, vuelo americano de octubre de 1956


El proceso de C.P. resultó lento y complicado. Para empezar, era muy difícil convencer de sus bondades a los agricultores, sobre todo a los de mayor edad. Apegados a sus pequeñas parcelas, heredadas de sus padres, se resistían a la idea de que otras manos labraran la tierra de sus ancestros. Por otra parte, resultaba difícil realizar repartos equitativos según las calidades y cantidades de tierra existentes. Vamos, que era difícil contentar a todos.

En aquellos años, en todos y cada uno de los pueblos en los que se realizó la concentración parcelaria, circularon leyendas (rurales) acerca de los cuantiosos “regalos” que supuestamente percibieron ingenieros y peritos del IRYDA por arrimar el ascua a la sardina de éste o de aquel otro labrador. Puede que se diera algún caso aislado. Puede que algún ingeniero aceptara un par de corderos de regalo, pero de ahí a condicionar todo el proceso de adjudicación de fincas…

No obstante, a los pocos años de su ejecución, ya casi nadie se acordaba de connotaciones sentimentales, peritos supuestamente corruptos ni agravios comparativos, rendidos a la evidencia de las indudables mejoras que la concentración trajo para todos.

DESPUÉS DE LA CONCENTRACIÓN: La misma zona Oeste del término de Huérmeces, SIGPAC Julio de 2011


Las producciones medias crecieron, ya que se intensificó el uso de fertilizantes y se utilizaban variedades de cultivo más seleccionadas. Se facilitó el uso de maquinaria de mayor potencia y tamaño (sobre todo, cosechadoras), por lo que las necesidades de mano de obra se redujeron drásticamente, en un momento en el que casi se había completando el fenómeno del éxodo rural.

El Servicio Nacional del Trigo (más tarde S. N. de Cereales, más tarde aún S. N. de Productos Agrarios) aseguraba la compra de todo el trigo producido y a un precio más o menos conocido.

El trigo dejó de ser el cultivo básico, para dejar paso, poco a poco, a la cebada. Pasó de sembrarse cebada para autoconsumo de los animales de la explotación a utilizar variedades de alto rendimiento para su uso como materia prima para piensos industriales o para la fabricación de cerveza. A la avena prácticamente le pasó algo parecido.



Las plantas forrajeras para alimentación animal (yeros, alholvas, esparceta, alfalfa, titos, etc.) desaparecieron con la sustitución de bueyes y mulas por tractores.

Los garbanzos también iniciaron su lento declive como leguminosa básica para la alimentación humana.

La cabaña ganadera también acabó por desaparecer, dentro del proceso general de simplificación de la explotación agropecuaria media. Los animales dan mucho trabajo y ya no quedan apenas hijos que ayuden en las labores. Los cuatro o cinco pastores que había en el pueblo a mediados de los 60 también se fueron.

El abono orgánico a base de estiércol desapareció con el ganado. Llegó el nitrato de Chile y el “abono mineral complejo”. La química ganó la batalla a la biología.



Cambió también el paisaje. Desaparecieron kilómetros de lindes llenas de vida. Majuelos, espinos, zarzas y endrinos, junto con los pájaros que en ellos habitaban. Los cauces de los arroyos se rediseñaron, rectos hacia el Urbel. El río se drenó, en un intento por contener sus periódicas avenidas.

Los árboles de la carretera (tilos, arces, castaños de Indias) también sobraron. Y su sombra protectora también se fue con ellos.

La carretera, cuando aún quedaban árboles, bueyes y sobre todo... Abuelos.

Algún que otro asentamiento altomedieval fue arrasado por potente maquinaria sin que a nadie le preocupara lo más mínimo.

Fueron peajes –muy caros- que hubo que pagar.

En 1986, la entrada de España en el entonces denominado Mercado Común, dio una nueva vuelta de tuerca a la agricultura de la zona. Al calor de las subvenciones de la PAC se volvieron a cultivar tierras marginales abandonadas veinte años antes (laderas poco productivas, páramos pedregosos…). Las ayudas se percibían en función de las hectáreas “cultivadas”, fueran o no rentables.

Nuevos cultivos llegaron y se fueron: girasol, colza, veza, cártamo, molinos eólicos… Incluso han vuelto a cultivarse especies casi olvidadas (yeros, esparceta).



¿Qué nos deparará el futuro? Una vez abierta la posibilidad de percibir subvenciones por el mero hecho de poseer una explotación agraria, independientemente de que se recolecte algo, todo es posible.

Quizás mañana el agricultor acabe por convertirse en una especie de guardián medioambiental, subvencionado por sembrar variedades “autóctonas”, abonar con productos “ecológicos”, labrar sólo con maquinaria eléctrica, repoblar con arbustos las lindes antes arrasadas, suministrar alimento a aves y mamíferos antes perseguidos, rehabilitar antiguos manantiales y fuentes ya perdidas …

Quien sabe, quizás algún día veamos de nuevo lobos en Valdefrailes, alimentados por voluntarios que les suministren periódicamente restos de comida caducada procedente de hipermercados. No habrá que preocuparse por las ovejas, ya que entonces serán criadas en régimen intensivo, en enormes naves climatizadas, sin pisar el monte.



La concentración parcelaria de Huérmeces afectó a una superficie total de 1390 hectáreas (aproximadamente, la mitad del término), y supuso la reconversión de 2270 parcelas originales en otras 508 parcelas de reemplazo. Cuando se realizó la concentración, la propiedad de las fincas afectaba a un total de 172 propietarios.

Hay quien piensa que la concentración parcelaria es un proceso sin sentido. Con el paso de los años, al quedar únicamente dos o tres agricultores en cada pueblo (en el mejor de los casos), ellos mismos habrían terminado por llevar a cabo la labor de “fusión” de fincas, independientemente del régimen de propiedad, sin necesidad de gastar fondos públicos.

Es la denominada “concentración natural”, visible en muchos pueblos del entorno (Montorio, Quintanilla Pedro Abarca, Pantaleón, Santibáñez, La Nuez de Arriba, Castrillo). La administración se habría limitado entonces a acometer diversas obras de infraestructura (caminos, puentes, drenajes) y a preservar como oro en paño los viejos planos del catastro.











Para descargar fotogramas del vuelo americano de octubre de 1956:



La hoja correspondiente a Huérmeces es la H-0167/ y el fotograma:


Para descargar los planos de los quince polígonos correspondientes a la C.P. de Huérmeces, entrar en el enlace siguiente:


Seleccionar Provincia (Burgos) y Nombre de la Zona (Huérmeces), a continuación pinchar en “Acuerdo”

 

Los 15 polígonos de la zona de C.P. de Huérmeces
 

 

miércoles, 11 de febrero de 2015

MTN Hoja 167



La hoja 167 (Montorio) del Mapa Topográfico Nacional fue publicada hacia 1945 por el entonces denominado Instituto Geográfico y Catastral.

Si la comparamos con la moderna cartografía a escalas 1:50.000 y 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional (ver SIGPAC), las diferencias son claras.

En aquellos años, las localidades de Ruyales del Páramo, Quintanilla Pedro Abarca y San Pantaleón del Páramo aún formaban un municipio aparte del de Huérmeces (la fusión llegó en 1978)

La carretera de Huérmeces a Ruyales aún no estaba finalizada, por lo que se seguía accediendo al pueblo por el camino de Val o, cuando estaba inundado, por el camino del Alto La Cruz.

 Sector SW de la Hoja 167 (Montorio) del Mapa Topográfico Nacional (Instituto Geográfico y Catastral, 1945)

Aún existen los molinos harineros -hoy desparecidos- de Navatillo, Mulimayor, Berlanga (Fuente La Hoz), Los Nogales, El Rinconcillo y Las Huertas.

Aún aparecen cartografiadas las ruinas del desaparecido pueblo de Monasteruelo.

San Vicente, con sus 1051 m, aún no ha sido hollado por la base militar, y constituye la máxima altitud del municipio.

Aparecen consignados, por error, 1069 m de altitud en la hondonada de Navas-Valdevacas.

La máxima altitud de los páramos rocosos de la vertiente oriental (1042 m) aparece en las inmediaciones de la zona alta de San José, en dónde se levanta en la actualidad el parque eólico del Sombrío.

No existían los puentes ganaderos de Fuente La Hoz y Valdegabas, levantados a finales de los años 70 como compensación a la instalación de la base militar.

Sector SW de la Hoja 19-9 (Montorio) del Mapa Militar de España (Servicio Geográfico del Ejército, 1979)

Hay que tener en cuenta que éste mapa de 1945 fue la única cartografía a escala 1:50.000 existente de la zona hasta la publicación, ya a finales de los años 70, del mapa a la misma escala realizado por el Servicio Geográfico del Ejército (Hoja 19-9).

jueves, 5 de febrero de 2015

Arte en Ortofotos (I)



Para los usuarios habituales del SIGPAC, tanto a título personal como profesional, es un placer encontrarse de vez en cuando con curiosas composiciones de formas y colores, apreciables únicamente en fotografía aérea.

Mientras buscas una pequeña parcela familiar, ubicada en el páramo entre Huérmeces y Monasteruelo, surge de repente una composición que recuerda, con un poco de imaginación, a “El Grito” del pintor noruego Edvard Munch.


Planificando tu próxima salida en bici de montaña por los alrededores de La Mesa, en Urbel del Castillo, descubres sorprendido un mensaje cifrado dirigido, sin duda, a seres de una civilización superior.

En los alrededores de Ruyales del Páramo, una finca en barbecho presenta una pequeña protuberancia alargada. No se trata de una formación rocosa natural. Es el conocido dolmen de “La Mina”.