viernes, 28 de agosto de 2015

Arquiaga y Arteche: dos terratenientes en el viejo corazón de Castilla



Si consultamos un listado actualizado de propietarios de fincas rústicas sitas en el término de Huérmeces, nos llamarán la atención dos o tres nombres:

·        María Arquiaga Díaz (0,5 hectáreas)
·        Julio Arteche Villabaso (0,3 hectáreas)
·        Cuatro Hermanos Keller Arquiaga (6,6 hectáreas)

Estos dos apellidos de resonancias vascas coparon la propiedad de una buena parte del labrantío de Huérmeces durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX.

No solamente las tierras de Huérmeces, que también las de otros muchos lugares en los alrededores de la capital provincial, sobre todo en las vegas bajas de los ríos Urbel y Arlanzón.

Estas grandes propiedades tenían la característica peculiar de que se encontraban dispersas en pequeñas parcelas por numerosos pueblos de una determinada comarca o zona geográfica.

Este tipo de “gran propiedad dispersa” se originó en las últimas décadas del siglo XIX por compras de bienes afectados por la Desamortización, tierras adquiridas a particulares y acumulación de herencias.

Eran propiedades que pertenecían a dueños absentistas, que no vivían en la zona ni tomaban decisiones en cuanto a la explotación de las tierras, dadas en renta a labradores del lugar.

Alguno de estos propietarios era, incluso, completamente ajeno a la provincia. Tal es el caso de los Arteche, naturales de Vizcaya, que adquirieron gran cantidad de propiedades por compra tanto a los propios campesinos como de tierras previamente desamortizadas (sobre todo a la Iglesia).

Arteche intentó por todos los medios evitar dar la sensación de “cunero” o “paracaidista” vizcaíno en Burgos, procurando mezclarse con la élite local y acreditando su burgalesismo a través de su casa abierta en el Paseo de la Isla.

Alguno de estos grandes propietarios inició una carrera política como representante de la provincia en el Congreso o en el Senado, tanto en democracia como durante el franquismo, siéndoles otorgados títulos nobiliarios, tanto por Alfonso XIII (Marqués de Buniel) como por Franco (Conde de Arteche). En general, estas familias sabían navegar políticamente siempre con viento en popa.

Este tipo de gran propiedad dispersa entró en crisis definitiva a mediados del siglo XX debido fundamentalmente a tres factores:

  • otras fuentes de riqueza (industria, energía, turismo) iban sustituyendo a la tierra poco a poco, lo que originó la necesidad de vender y obtener liquidez necesarias para otras inversiones más productivas
  • cambios en la legislación que permitieron el fácil acceso a la titularidad de la tierra a los antiguos renteros
  • las rentas que pagaban los vecinos eran en general bajas, lo que unido al hecho de que durante los años 50 y 60 del siglo XX el labrador pasó a poseer cierta capacidad de ahorro (debido a la política de precio fijo para el cereal y otras fórmulas  proteccionista de la agricultura), trajo consigo el que muchos renteros tuvieran capacidad económica suficiente para adquirir la propiedad de las tierras que su familia venía cultivando desde generaciones.

Alguna de estas grandes propiedades dispersas aún mantenía una cierta importancia cuantitativa en tiempos recientes. A principios de los años 90, por ejemplo, los Arteche aún eran titulares de unas 430 hectáreas, aunque casi todas (400) concentradas en Buniel.

Los Arquiaga (Hermanos Arquiaga Keller), por su parte, aún poseían unas 100 hectáreas dispersas por 22 pueblos de las vegas bajas de los ríos Ubierna, Urbel, Arlanzón y Odra. En Huérmeces aún poseen casi 7 hectáreas.


El apellido Arquiaga procede de Las Merindades, en dónde a mediados del siglo XIX ya se encontraba fuertemente enraizado.

 
Francisco Arquiaga Rodríguez: senador por la provincia de Burgos (1872-73), antiguo propietario del Monasterio de Rioseco (1855) hasta que su descendiente Margarita Arquiaga lo donó a la Archidiócesis en 1953, lo que acabó por suponer la ruina del edificio.

Pedro Arquiaga Díaz: ingeniero industrial, inspector adjunto de la formación técnica industrial en la provincia de Burgos (1928). Dueño de la central eléctrica de Incinillas (Hidroeléctrica Arquiaga), que daba luz a gran parte de las Merindades. Asesinado en Villarcayo en 1936 por sus ideas republicanas.

Su hermana, María Arquiaga Díaz casó con Federico Keller Mezquiriz (Madrid 1868-1940), ingeniero de caminos, funcionario de la Diputación de Burgos.

Cuatro de sus hijos (los cuatro hermanos Keller Arquiaga que aún figuran como titulares de casi 7 hectáreas en Huérmeces) eran los herederos del antiguo patrimonio familiar:

Manuel Keller Arquiaga: ingeniero industrial
Rodrigo Keller Arquiaga: ingeniero agrónomo, ocupó diversos puestos en el Ministerio de Agricultura, uno de ellos en el extinto Servicio Nacional de Cultivo y Fermentación del Tabaco (1969)
María Cruz Keller Arquiaga (Madrid 1918-2006): farmaceútica.
Carmen Keller Arquiaga (Madrid, 1914-2004)


El apellido Arteche procede de Vizcaya, y su vinculación con Burgos tiene su origen en la persona de José María Arteche Osante.

 
José María Arteche Osante, político y empresario, nació en Valmaseda en 1849 y falleció en Bilbao en 1905.
Vinculado a Burgos por gran número de propiedades rústicas, fue designado senador por la provincia en las legislaturas 1902, 1903-1904 y 1904-1905.
Contribuyó a la constitución y desarrollo de importantes empresas comerciales e industriales, siendo Presidente de la Compañía minera La Vizcaína, Papelera Vizcaína y Ferrocarril de Bilbao a Portugalete
Fue presidente de la Diputación de Vizcaya (1892-1894) y, gracias a sus buenas relaciones en la Corte madrileña, tuvo la oportunidad de negociar dos veces el Concierto Económico del País Vasco: la revisión parcial en 1893 y la renovación en 1894.
José María contrajo matrimonio en 1876 con María Villabaso Gorrita y tuvieron cuatro hijos: Julio, Antonio, Juan José y María Arteche Villabaso.

Antonio Arteche Villabaso (Bilbao 1880-1962): diputado a Cortes por Burgos (1905-1918, liberal; 1920-1923, izquierda liberal); inicialmente miembro de la burguesía media bilbaína, por su militancia en el liberalismo monárquico –como buena parte de la oligarquía vizcaína de la época- Alfonso XIII le concedió el título de Marqués de Buniel en 1916, ya que llegó a acaparar un buen número de propiedades rurales en este pueblo y en Villegas, Rabé, Cabia, Frandovínez, Huérmeces y otros muchos del bajo Urbel y Arlanzón; a pesar de su proclamado burgalesismo, con casa abierta en el Paseo de la Isla, Arteche siempre fue considerado uno más entre los miembros de la oligarquía vizcaína, participando en varias aventuras empresariales y políticas.


Julio Arteche Villabaso (Bilbao 1878, Las Arenas 1960); diputado a Cortes por Vizcaya (1923, por la Liga Monárquica de Vizcaya, liberal independiente); Consejero del Banco de Bilbao; intervino en la nacionalización de empresas ferroviarias; fundó Saltos del Duero; puso en marcha la industria papelera del país; presidente vitalicio del Banco de Bilbao (1942); presidente del consejo de administración de 10 empresas y sociedades (Banco de España, Naviera Vizcaína, Sociedad Española de Construcciones Electromecánicas, Compañía de Minas de Riotinto, Telefónica, SEAT, Banco Asturiano de Industria y Comercio…) Gracias a sus buenas relaciones con el régimen franquista, y en reconocimiento a su carrera profesional, el 18 de julio de 1950 recibió el título de Conde de Arteche.

Julio contrajo matrimonio en 1902 con Magdalena Olábarri Zubiría. Cuatro de sus hijos (María Magdalena, María Victoria, Teresa y José María Arteche Olabarri), figuran como últimos propietarios de tierras en Huérmeces, desprediéndose de ellas –por venta a los antiguos renteros- a lo largo de los años 60 del siglo pasado.




FUENTES:

“La dualidad legislativa en el municipio y villa de Bilbao”, Xavier Aurrekoetxea, Jado: Boletín de la Academia Vasca de Derecho, año 5, Nº 14 (2007)

“Gran propiedad rústica en Burgos”, José Luis Moreno Peña, Caja de Ahorros Municipal de Burgos (1992)

jueves, 20 de agosto de 2015

Amigos de la mili, quinta de 1930



La vieja caja de zapatos en la que se guardan las fotografías de la familia sigue dando sorpresas cada vez que se repasa su contenido.

En esta ocasión se trata de una no menos vieja fotografía sin fecha, realizada en el estudio del fotógrafo "E. Costa" de San Sebastián, en la que aparecen seis “amigos de la mili”. Mi abuelo Narciso entre ellos.

Puesto que mi abuelo nació en 1910, y suponiendo que la fotografía se realizara en fecha cercana al licenciamiento, podría datarse la fotografía en enero o febrero de 1933.



En el año 1930 se había reducido la duración del servicio militar activo de dos años a un año, por lo que supongo que a la quinta de mi abuelo le afectaría dicha reducción, incorporándose a filas a finales de 1931 o principios de 1932 y licenciándose un año más tarde.

Ya no existe ningún estudio de fotografía denominado “E. Costa” en la Plaza de la Constitución donostiarra. Tampoco he podido encontrar datos relativos a su historia y circunstancias.

Muy probablemente, los seis “mozos” de la foto pasaron un año completo de sus vidas, el de 1932, en el acuartelamiento de Loyola, ubicado en la margen derecha del Urumea. Estos cuarteles, inagurados en 1926, sustituyeron a los que se encontraban -desde los tiempos de la desamortización de Mendizábal- en pleno casco viejo de la ciudad, en el Convento de San Telmo.

En aquellos tiempos el servicio militar suponía una etapa de transición a la edad adulta masculina. La mili era una especie de periodo de iniciación. Tampoco hay que desdeñar el cierto carácter socializador o re-socializador que ejercía el servicio militar en aquellos años.

Para muchos jóvenes, la mili suponía la primera vez que salían del pueblo y su entorno inmediato, más allá de la capital provincial; en la mili conocían a otros jóvenes, tanto de su misma condición social o cultural como de otras muy distintas. Conocían a personas de otras tierras, con otras lenguas y costumbres. 

En los años treinta del siglo pasado, para un joven de la Vieja Castilla, un destino como San Sebastián -puerto de mar, cercano a la frontera francesa- supuso sin duda una experiencia que marcaría su vida.
 
En muchos casos, la mili era un requisito previo para que el mozo pudiera casarse y formar una familia; mi abuelo, por ejemplo, se casó al mes siguiente de licenciarse.

Dicen que los amigos de la mili son para siempre. Dicen que los compañeros de quinta son una especie de referente generacional. Digo dicen porque yo no puedo hablar por experiencia propia: no hice la mili.




BREVE HISTORIA DEL SERVICIO MILITAR EN ESPAÑA

Hasta el siglo XVIII, el sistema de reclutamiento en España se realizaba a través de enganches pagados y levas de vagos, de mendigos y marginados en general. En 1704, Felipe V y la dinastía borbónica, copiando el modelo francés, introdujeron un sistema de reclutamiento basado en las “quintas”, así llamado porque escogía mediante sorteo a una quinta parte de los mozos en edad militar.
Desde entonces, aunque el sistema y los porcentajes de reclutamiento han variado mucho, el nombre de “quintas” ha permanecido arraigado en la sociedad hasta la desaparición del servicio militar obligatorio en las postrimerías del siglo XX.
Fueron las Cortes de Cádiz en 1812 las que establecieron el principio de obligatoriedad del servicio militar para todos los varones españoles sin discriminaciones, aunque en la práctica existía un sistema de redenciones y sustituciones para las clases más favorecidas.
Este fue siempre el elemento central de la polémica respecto al servicio militar: los mecanismos promovidos por la ley para eludirlo (redenciones en metálico y sustituciones). Este hecho motivó una elevada conflictividad en la sociedad española de finales del siglo XIX y principios del XX. El pensamiento general era que a los ricos se les eximía del servicio militar como en otros tiempos se les eximía a los nobles de tributar.
Esta manifiesta desigualdad tuvo su punto álgido en la Semana Trágica de Barcelona el 26 de Julio de 1909. Con el alto nivel de mortandad en la guerra de Africa como telón de fondo, las familias se sublevaron y trataron de impedir el embarque de sus hijos movilizados.
En 1873, la Primera República abolió la obligatoriedad del servicio militar, disponiendo que el ejército se compusiera de soldados voluntarios de 19 a 40 años, retribuidos con una peseta diaria.
Poco después, la Restauración volvió a instaurar la obligatoriedad. La Constitución de 1876, reinando Alfonso XII, establece en 4 años el servicio activo y otros 4 en la reserva. También crea las exenciones de cuotas y los sustitutos, lo que permitía de nuevo a las clases adineradas librarse del servicio militar.
El Gobierno liberal de Canalejas (1910-1912) eliminó las figuras de sustitución y la redención en metálico, buscando un servicio militar más igualitario; aun así, las clases dominantes consiguieron que se mantuviera la posibilidad de “dulcificar” el paso de sus vástagos por el ejército mediante el pago de unas cuotas militares, cuyo pago permitía elegir destino y la reducción del tiempo en filas 10 meses (1000 pesetas) o 5 meses (2000 pesetas). Eran los denominados “soldados de cuota”.
En cuanto a la duración del servicio militar, la tendencia general durante las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX fue al descenso del período activo y un incremento del período de reserva.  
Entre 1856 y 1882 la duración del servicio militar “activo” (años de reserva aparte) fue de cuatro años. Posteriormente, dicho servicio activo se redujo a tres años, hasta que en 1912 se volvió a ampliar hasta ocho años; leyes sucesivas redujeron sensiblemente este periodo: dos años en 1924 y un año en 1930, cifra que mantuvo el gobierno de la República.
Esta tendencia a la reducción varió considerablemente en la legislación franquista de posguerra. Después de la Guerra Civil, la Ley de 1940 aumentó la duración del servicio activo hasta los dos años. Superada la posguerra, se redujo el servicio activo a un año.
Fue precisamente la citada Ley de 1940 la que eliminó realmente las diferencias de clases y las cuotas, estableciendo un servicio militar sin distinción en la que los mozos de 19 años quedaban afiliados en su ayuntamiento y al año siguiente pasaban a la Caja de Reclutas de su provincia para ser sorteados.
Se permitía quedar exento a quien demostrara ser el sustento de su familia (hijos de viuda, padres de familia); a los estudiantes se les permitía solicitar prórrogas hasta los 27 años. Quienes tuvieran 3 años de carrera o finalizada podían realizar previa superación de un curso de formación su servicio militar repartido en dos años como alférez o sargento de la escala de Complemento: IMEC o Milicias Universitarias.
En 1968 se estableció el servicio activo en 16 meses para los soldados obligatorios y en 20 meses para los voluntarios; a éstos se les permitía escoger destino y adelantarla a los 18 años. En ambos casos una vez licenciado se pasaba a la reserva hasta cumplir los 49 años
En los años 70 se dieron en España los primeros casos de objeción de conciencia, especialmente por parte de Testigos de Jehová, que acabaron en procesamientos con pena de cárcel.
En 1984 se estableció el Servicio Civil Sustitutorio que doblaba en el tiempo al realizado en el Ejército, establecido entonces en 1 año y el pase a la reserva hasta cumplir los 34 años.
En 1991 se estableció el periodo activo en 9 meses y el pase a la reserva hasta cumplir los 30 años.
Durante los años 90, cierta permisividad legal facilitó el incremento en el número de objetores de conciencia, hasta alcanzar los 144.823 en el año 1998, superando entonces al número de de reclutas.
En 1999, el gobierno de Aznar decretó la suspensión tanto del Servicio Militar Obligatorio como de la Prestación Social Sustitutoria.
En España existen hoy unas fuerzas armadas profesionalizadas, formadas por unas 132.000 personas.

FUENTE:

“Quintas y servicio militar: aspectos sociológicos y antropológicos de la conscripción” de J. Fidel Molina Luque, Servei de Publicacions, Universitat de Lleida 1998

martes, 11 de agosto de 2015

Carromaribáñez



Continuando con la rica toponimia de Huérmeces, encontramos otro curioso nombre de paraje: Carromaribáñez.

A veces, en planos antiguos y escrituras de fincas, aparecen también sus dos variantes: Carramaribáñez y Carremaribáñez.

Al igual que sucedía con Sutildarache, no he encontrado este topónimo en ningún otro lugar de España ni Sudamérica.

Aunque, y a título únicamente anecdótico, cabe apuntar que en Andalucía, en concreto en la comarca sevillana del Bajo Guadalquivir, existe desde 1964 un pueblo de colonización al que se denominó Maribáñez en memoria de un cortijo cercano cuya propietaria era una tal María Ibáñez.

En la localidad cercana de Quintanilla Sobresierra existe un paraje de nombre Maribáñez, situado a poco más de kilómetro y medio al NW del pueblo.


Enfrente de la Peña Rallastra, delimitado por Itero al sur y Buzón al norte, el paraje ocupa una ladera orientada al SW, en un proyecto de vallejo que, en unos pocos miles de años, acabará por unirse al de su vecino Buzón.


En las tardes de verano, es precisamente la alargada sombra de La Peña la que otorga algún respiro térmico al seco pastizal que hoy ocupa el lugar.

Debido a la escasa categoría de sus tierras, en pendiente y sobre suelos pobres, el paraje no se vio afectado por la concentración parcelaria efectuada en los años 70 del siglo pasado, por lo su aspecto no ha variado gran cosa en las últimas décadas, salvo por el abandono del cultivo de dichas tierras.

Vuelo Americano de 1957: Carromaribáñez cultivado en su totalidad, con el camino transversal que lo recorre íntegramente; masas de monte menos densas en Rallastra e Itero; el Urbel con escasa vegetación arbórea (no existe aún la chopera de Alba; carretera con árboles; lindes de fincas con abundancia de arbustos; frutales en el Molino de Alba


Para hacernos una idea de la intensidad con la que se cultivaba el territorio en aquéllos tiempos pre-parcelaria, conviene recordar que en las poco más de 11 hectáreas que ocupa Carromaribáñez existían nada menos que 30 tierras.


Las plantaciones de pinos que se efectuaron en 2006 en la falda norte de Itero, alcanzaron también los límites del término, aunque sin llegar a tocar sus abandonadas tierras.

Enfrente del molino de Alba y la Peña Rallastra, a la derecha de la carretera en dirección a Montorio, allí está el paraje
Dos antiguos caminos, hoy casi perdidos, remontaban el término desde la carretera, confluyendo en la parte alta y encaminándose entonces hacia Buzón, a cuyo camino llegaban tras descender hacia su chopera.

Carromaribáñez desde Itero; Los Avellanos al fondo, a la izquierda

Carromaribáñez no posee manantiales ni arroyos, lo que acentúa aún más la impresión de sequedad que ofrece el lugar en días calurosos.

Su vegetación se limita a aulagas, brezos y plantas propias de eriales y pastizales herbáceos.

Fracasadas plantaciones de pinos en la ladera de Itero, justo encima de Carromaribáñez

En la zona alta de Itero si que han arraigado los pinos
En las laderas superiores de Itero, las que caen hacia Buzón, también han arraigado los pinos

En cuanto al posible significado y origen del nombre, la etimología nos permite ahora conjeturar con algo más de rigor que en el caso de Sutildarache.

Carra/Carro/Carre:

Con el significado de “camino hacia” (Carro Ubierna, Carra Ros) o bien prefijo de “categoría de camino” (Carrerona, Carralancha, Carramediana)

Maribáñez:

Al paraje el mar le pilla un poco lejos, por lo que en esta parte de Castilla, Mar es la forma abreviada de María. Tenemos pues, un antropotopónimo, María Ibáñez; aunque también pudiera ser María, la de Juan, ya que Ibáñez es un derivado de Juan, del latín Iohannes (Santibáñez = San Juan).

Algunos lingüistas vascos hacen derivar Ibáñez de "bañez", palabra vasca que significa "pastizal".
Tenemos, pues, tres posibles significados para el término Carromaribáñez:



  • Camino que va hacia la finca de María Ibáñez
  • Camino que va hacia la finca de María, la de Juan
  • Camino que va hacia el pastizal de María



Brezo

Peonía o cornavario, agostado

Por si la etimología te aburre y todo lo anterior no te parece lo suficientemente atractivo, no olvides que desde la parte alta del paraje, allí donde se encuentra con Buzón, puede disfrutarse de una de las vistas más espectaculares de la Peña Rallastra y su pared vertical de 60 metros.




Y es posible que, con un poco de suerte, el vuelo de la asidua bandada de buitres te amenice aún más, si cabe, la vista. Y el oído … la colonia de chovas piquirrojas que habita la pared, en constante concierto.


Si prefieres emociones más fuertes, desde la cumbre de Peña Rallastra se divisa Carromaribáñez en todo su esplendor, con el amplio vallejo de Buzón al fondo.


A La Peña puede ascenderse fácilmente desde el arranque del camino de Valdetope o desde Alba, siempre por su cara Sur. También puede alcanzarse la cumbre desde el calvero existente en el antiguo centro de saca de leña, al que se accede fácilmente desde San Vicente.

Las vistas desde el vecino de enfrente, Itero, tampoco decepcionan.  

Fincas en la confluencia entre Carromaribáñez y Buzón, desde Itero


Carromaribáñez, un paraje de contundente nombre, también en trance de olvido, con sus yermas tierras vigiladas por dos gigantes: Rallastra e Itero.

Si buscamos hoy el lugar en un plano catastral moderno encontraremos un aséptico título: “Término Municipal de Huérmeces, Polígono 502, parcelas de la 5305 a la 5985”. 

Chopera de Buzón desde la zona alta de Carromaribáñez

lunes, 3 de agosto de 2015

Sutildarache



De entre los aproximadamente 250 nombres que componen el listado de toponimia menor del término de Huérmeces, uno destaca sobre todos, por su sonoridad y rareza: Sutildarache.

No he encontrado este topónimo en ningún otro lugar de España ni Sudamérica. He buscado en Google, en diccionarios de toponimia, en publicaciones monográficas … nada, … parece que no existe otro Sutildarache que el de Huérmeces.

Lo mismo sucede con las dos variantes del nombre que pueden encontrarse en antiguas escrituras de fincas: Situldarache y Sitildarache. Nada, ni rastro. Tenemos, pues, un topónimo endémico y en riesgo de extinción. Habrá que protegerlo de la mejor manera posible, evitando que caiga en el olvido.


Ortofoto SIGPAC ( julio 2014): a la izquierda: carretera de Santibáñez, sin un solo árbol; en el centro, en sentido N-S: Camino Callejuela; los arroyos y nuevos caminos siguen trazados rectilíneos
Vuelo Americano (1956): la carretera de Santibáñez aún con árboles; decenas de pequeñas fincas, algunas con morenas alineadas, esperando ser acarreadas a las eras; abundancia de cultivos forrajeros (esparceta, yeros, alholvas, titos...)

La singularidad del nombre no está en consonancia con la escasa espectacularidad del lugar. En la confluencia de los arroyos que bajan de Buen Tudanca-La Varga y de El Parmillo, limitado por el Camino Callejuela por el Este, Sutildarache es un paraje llano, sin peñas ni accidentes topográficos de interés. Unicamente las matas de vegetación que crecen en la confluencia de los dos arroyos aportan algún toque diferencial al lugar. Sutildarache es un nombre muy peculiar para un lugar muy poco peculiar.

Sutildarache (matas en el centro de la fotografía) desde El Páramo




Después de la concentración parcelaria ejecutada a mediados de los años 70 del siglo pasado, con la modificación en el trazado de los arroyos y la eliminación de lindes y ondulaciones del terreno, Sutildarache ha ido cayendo en el olvido, y ya sólo lo recuerdan personas de cierta edad.

Sutildarache, entre el arroyo de Buen Tudanca-La Varga (Izda) y el arroyo del Parmillo (dcha)

Mi abuelo Narciso poseía un par de fincas en el lugar, y desde siempre he oído historias acerca de la fuente que existía en el arroyo, de las ratas y ranas que abundaban en el arroyo, de la buena sombra que proporcionaban las matas, …

Mata de Sutildarache vista desde la carretera; Valdelebrín al fondo

Hoy, cuarenta años después de la parcelaria, encontraremos una buena mata de salgueras (Salix sp.), varias de majuelos (Crataegus monogyna), abundantes zarzas (Rubus sp.) y un pequeño grupo de ciruelos (Prunus sp.) en el lecho del arroyo de Buen Tudanca-La Varga.

Mata de ciruelos

Majuelos

Salgueras

Zarzamora

El pequeño manantial sigue existiendo, aunque apenas resulta visible entre la maraña de vegetación que crece en el arroyo que viene de El Parmillo.


En lugar de las cinco o seis parcelas que existían en el paraje a mediados del siglo pasado, una sola finca de 1,7 hectáreas monopoliza ahora la totalidad del lugar.

En el Catastro, esta nueva parcela ya no viene consignada con el nombre de Sutildarache: ahora recibe el nombre de El Mazo. En los planos de la parcelaria, nuestro paraje está rodeado por los de Las Agüeras, El Canto y el citado El Mazo.

Con la ayuda de la etimología (estudio del origen de las palabras y su variación en forma y significado a lo largo del tiempo), podríamos hacer un intento de acercarnos al posible significado y origen del nombre Sutildarache.


Con la primera mitad del término caben ciertas suposiciones. Varias son las acepciones de “sutil”/”sotil”:

Sutil: adjetivo; 1. dícese de algo que es muy delgado o fino, poco perceptible, sinónimo de ténue; 2. dícese de algo que es agudo, perspicaz, ingenioso.

Sotil: derivado de soto, lugar poblado de árboles, a la orilla de un río o arroyo. Diminutivo: sotillo.


En cuanto a la segunda mitad del término (“Darache”/”Arache”) no he encontrado nada medianamente serio. Probablemente, un nombre propio.

En un documento de 1591 (1) he encontrado el término Sotil de Arache, al referirse a la herencia de Juan Zorrilla de San Martín El Viejo; en la relación de fincas objeto de la herencia, aparecen dos descritas de la siguiente manera:

"Otra al prado de Sotil de Arache, la encimera, de media fanega, en surco de Pedro de Güemes El Mozo"

"Otra a la cabeza de Sotileo de Arache, de dos fanegas, en surco de Fábrica de San Juan y de Fernando [...], vecino de Santibáñez."


Caminante que caminas por el Camino Callejuela a última hora de una tarde de agosto … cuando lleves recorrido poco más de un kilómetro desde el pueblo … recuerda que las matas que aparecen justo a la derecha del camino esconden uno de los parajes más humildes de Huérmeces … pero con un nombre cuya sonoridad no puede dejar indiferente a nadie.







El resto del mundo visto desde Sutildarache:

La Varga
 
Carroubierna y Buen Tudanca
 
El rebaño de ovejas, al final de la jornada, en plena carrera hacia los abrevaderos de Valdelebrín


La Cuesta El Cuerno
 
Cotejón



La suave loma de El Mazo estorba las vistas hacia el Sur, hacia Santibáñez

Lo que se ve de Huérmeces desde el Camino Callejuela a la altura de Sutildarache










(1) "Real provisión dirigida a la justicia, a petición de Juan Zorrilla de San Martín, para que se le entregue la ejecutoria del pleito que trata con Pedro Díez Fernández y Francisca Zorrilla, su mujer, vecinos de Huérmeces (Burgos), sobre la herencia de Juan Zorrilla de San Martín El Viejo, tía de esta última." Fecha 30 de marzo de 1591 (Real Chancillería de Valladolid, Registro de ejecutorias: Caja 1689, 50) 

Puede consultarse un listado de unos 250 parajes del término de Huérmeces en un anterior post de este blog Parajes de Huérmeces