domingo, 31 de enero de 2016

Las dos carreteras de Aguilar



Si vienes desde Burgos, puedes llegar a Huérmeces por dos carreteras siamesas: la vieja carretera de Aguilar (BU-622) y la nueva carretera de Aguilar (N-627).

Huérmeces se encuentra enclavado a la altura del antiguo kilómetro 25 de la vieja carretera de Aguilar (BU-622). Abandonando la capital por el Paseo de Los Cubos, no lleva mucho más de media hora llegar al pueblo.

Huérmeces desde la BU-622, en  la interminable recta (4 km) de Santibáñez


Desde 1992, también se puede ir a Huérmeces por la nueva carretera nacional de Burgos a Aguilar de Campóo. A la altura del kilómetro 28 de esta N-627, en el paraje de Santa Cecilia (Montorio), un desvío a la izquierda te llevará a Huérmeces en poco más de 6 km, recorriendo el desfiladero del Urbel en dirección sur por la BU-622.


Confluencia de la N-627 (en primer plano) y la BU-622 (al fondo) en el paraje de Santa Cecilia (Montorio)

Aunque por esta nueva ruta el recorrido total entre la capital y el pueblo se alarga en casi 9 km, hay gente que lo prefiere, evitando las travesías de Quintanadueñas, Arroyal, Mansilla, Miñón y Santibáñez, así como el tramo de carretera anterior al Polígono Industrial de  Villalonquéjar, muchas veces saturado de tráfico.

Primer tramo inagurado de la A-73 (Burgos-Aguilar), a la altura de Quintanaortuño (iglesia de San Martín, en ruinas)


Además, en 2013 se inaguraron 8,5 km del primer tramo de la Autovía de Aguilar (A-73), entre Quintanilla-Vivar y Quintanaortuño, por lo que a muchos conductores les puede resultar aún más cómoda esta ruta para llegar a Huérmeces.

Tramo acuático de la vieja carretera de Aguilar (BU-622) después de Huérmeces, camino de Fuente La Hoz y el desfiladero del Urbel; en este punto, el río suele desbordarse casi todos los años



Personalmente, prefiero el recorrido por la antigua carretera de Aguilar, la BU-622. No me molestan las travesías de los cinco pueblos citados, ni las curvas de la Cuesta de Mansilla, ni la fuerte pendiente del Aguilón, después de Arroyal, ni siquiera el tramo encorsetado del polígono de Villalonquéjar. La algo estrecha salida de Burgos, tras el Paseo de Los Cubos, me parece un lujo, sobre todo si la comparas con la anodina Avenida de Cantabria, por la que abandonarías la capital camino de la N-627.

Y entra en juego también el factor sentimental, ya que este era el recorrido que hacía el coche de línea de Burgos a Aguilar y Cervera, de la empresa Hijos de Faustino Martínez, gracias al que en innumerables ocasiones hicimos el viaje a la capital.
El viejo mojón 27, de hormigón, hoy es el nuevo 22, de chapa

Con la remodelación total de la carretera en el tramo entre Burgos y el polígono industrial de Villalonquéjar, se realizó la renumeración kilométrica de la BU-622, comenzando la cuenta casi en Quintanadueñas. De esta manera, lo que ayer era km 25, hoy es km 20.

Es cierto que en madrugadas de invierno las curvas de la Cuesta de Mansilla pueden ser una trampa de hielo, pero como ya no hay inviernos... De todas formas, y por si algún año vuelve la nieve, siempre tienes la posibilidad de evitar la Cuesta por la carretera que sigue paralela al curso del Urbel, camino de Las Quintanillas.

Además, si el visitante ocasional quiere practicar turismo, tiene dónde elegir, sin necesidad de separarse mucho de la BU-622:
  
  • el páramo eólico de Los Marmellares, con sus espectaculares vistas sobre la Sierra de La Demanda
  • el cerro del castillo, a la vera de Mansilla, antigua cabeza del alfoz homónimo
  • la torre, iglesia y caserío de Zumel 
  • la ermita de La Cuadra, en la que se celebra una romería anual el domingo de Pentecostés
  • la interesante portada románica de la iglesia de Miñón
  • la vieja iglesia románica de La Asunción, en Las Celadas
  • la iglesia, el moral y los deslizamientos de Ros 
  • la monumental iglesia gótica y el restaurado molino de agua de Santibáñez Zarzaguda 
  • Huérmeces, con sus palacios, su ermita, su torre en ruinas y el conjunto del caserío
  • el desfiladero de Fuente La Hoz, con la cueva y el sendero de Valdegoba 
  • el diapiro y la iglesia románica de Quintanilla Pedro Abarca
  • la casa neorrománica, las peñas y la ermita de Las Mercedes de Montorio

La nueva carretera de Aguilar, beneficios indudables aparte, ocasionó que el tráfico entre Quintanadueñas y Huérmeces por la BU-622 se redujera considerablemente. Lo que convirtió a este tramo de 26 km en un remanso de paz y paraíso ciclista.

A consecuencia de la década eólica, con la construcción de varios parques en la zona, el firme de la BU-622 presentó durante años un aspecto lamentable, tras el constante trasiego de camiones y hormigoneras de gran tonelaje. Afortunadamente, hace años que se le dio un buen repaso al trazado y hoy luce un firme ideal para los aficionados a la bici y suficientemente seguro para los numerosos vecinos que hacen diariamente el recorrido en coche hasta la capital.


Obras de construcción del nuevo trazado de la N-627 a la altura de Castrillo de Rucios

Construcción del nuevo trazado de la N-627 a la altura de Santa Cecilia (Montorio), cerca del cruce con la vieja BU-622


La nueva carretera N-627 no llega a transitar por el término de Huérmeces, apenas rozándolo a la altura de La Cabañuela y Valmares. Pero su trazado si que ha afectado de una u otra manera a los vecinos, visitantes y veraneantes del pueblo.

El antiguo camino de Huérmeces a Castrillo se ha visto cortado por la nueva carretera a la altura de Salagún, cerca ya del pueblo castrellano. Ahora hay que desviarse 700 metros hacia el Oeste, por un vial paralelo a la carretera, y salvar ésta por un paso elevado.

Lo mismo ha sucedido con el antiguo camino de Quintanilla Sobresierra por Becerril, cercenado sin otra alternativa que cruzar la carretera a pelo.

La N-627 entre Monte Las Eras-Navas (Huérmeces) y Castrillo de Rucios

La N-627 a la altura del Nido del Buitre, cerca del viejo camino de Huérmeces a Quintanilla-Sobresierra


La antigua tranquilidad de estos parajes ha desaparecido, engullida por el tráfico y sus ruidos. Antes de la construcción de la N-627 podías llegar monte a través, bucólicamente, hasta Quintanilla Sobresierra sin cruzarte con un alma. Ahora debes cruzar una concurrida carretera no sin antes encomendar tu alma. Es el progreso y sus peajes.

La N-627 sigue el mismo trazado de la vieja BU-622 a la altura de Urbel del Castillo


A partir del citado cruce de Santa Cecilia, el trazado de la vieja y la nueva carretera de Aguilar se solapan, y ya se mantiene prácticamente el mismo que existía desde el siglo XIX, hasta llegar a la capital del Campóo palentino. Unicamente varía en que se circunvalan las travesías de Montorio y Basconcillos del Tozo, evitando la cuesta de la primera y las estrecheces de la segunda.

La N-627 en las cercanías de Llanillo de Valdelucio; al fondo: la montaña palentina


Cuando se materialice la proyectada Autovía Burgos-Aguilar (A-73), allá por 2024, un viaducto salvará la zona de Santa Cecilia-Nido del Buitre, y la nacional N-627 se verá entonces condenada al ostracismo, como lo fueron en su día la N-623 y la BU-622. Las carreteras siamesas de Aguilar quedarán reducidas al tráfico local, para alegría de unos y desesperación –quizás- de otros.

Viejo punto kilométrico 26 (hoy 21), justo debajo de Cuesta Castillo

domingo, 24 de enero de 2016

Huérmeces en Kodachrome



“Kodachrome, they give us those nice bright colors,
they give us the greens of summers,
makes you think all the world’s a sunny day, oh yeah.”

Paul Simon



Esta es la pequeña historia de una fotografía. De la que encabeza este blog desde su inicio. Se realizó a finales de mayo de 1990, hace ya más de 25 años. De paso, esta pretende ser también una pequeña reseña de un tiempo ya casi desaparecido: el mundo de la fotografía analógica en general, y del carrete de diapositivas en particular. 

Esta foto de Huérmeces consiste en una diapositiva de película Kodachrome 64, uno de los carretes a color más utilizados por aficionados a la fotografía de todo el mundo. 

Está tomada desde El Colmenar, allí dónde se localiza la caseta de captación de agua para la fuente principal del pueblo. Un domingo por la mañana de un espléndido día primaveral.

La primavera en esta parte de Castilla llega relativamente tarde, a mediados de mayo. Y no dura mucho, mes y medio a lo sumo. A últimos de mayo, el paisaje por estos lares se muestra en todo su verdor; es especialmente intenso el verde de los trigos, sobre todo en años en los que la salida del invierno no resultó cicatera en lluvias. También domina el verde en las vegas, en las laderas del páramo y en el monte.







Conviene recordar que, en aquellos tiempos, desde que disparabas la fotografía hasta que tenías en tu poder las diapositivas reveladas y enmarcadas, podían pasar un mínimo de … ¡diez días!

En España, las películas Kodachrome se revelaban exclusivamente en el laboratorio que Kodak tenía en Colmenar Viejo (Madrid). Podías enviar el carrete por correo directamente al laboratorio o, mejor aún, dejarlo en la tienda en la que lo habías adquirido y esperar a que lo recogiera la amplia red de mensajeros de que disponía el mencionado “laboratorio único”.

Hay que reconocer que la larga espera tenía su aquel. Hasta que no acudías a la tienda a recoger la caja de diapositivas reveladas, no tenías ni idea de cual podría ser el resultado de las instantáneas realizadas días antes. Podías tener esperanzas en determinado disparo que hiciste en óptimas condiciones de luz; podías recordar que el visor de tu cámara réflex te ofrecía un encuadre que no tenía mal aspecto; podías intuir que la persona retratada presentaba una pose perfecta en el momento preciso ... Pero los diez días de espera no te los quitaba nadie. Y mientras tanto … quizás habías disparado la foto del siglo y tú sin enterarte.

¡Ah, que tiempos predigitales aquellos! Intenta explicarle esto a un chaval armado con su iphone de última generación. Cuéntale que nuestras cámaras réflex pesaban cerca de un kilo, otro tanto los dos o tres teleobjetivos básicos, más los filtros, el flash, las pilas de recambio y los muchos carretes de reserva; y todo ello sobre ese hombro encallecido al que se adaptaba ya sin problema la correa de la bolsa en la que apenas cabía todo el equipo…

E intenta traducirle a idioma digital aquella vieja expresión hoy en trance de desaparición: ¡se me ha acabado el carrete!  No, no es el equivalente al descafeinado "se me ha llenado la tarjeta" de nuestros días, ya que ahora siempre tienes la posibilidad de borrar sobre la marcha unas cuantas fotos malas y seguir disparando. Cuando un carrete se acababa, se acababa. 

Explícale también que, si eras especialmente habilidoso al cargar el carrete en la cámara, podías llegar a conseguir hasta 39 fotos por cada rollo de 36 exposiciones. Pero ni una más. Y que cada rollo valía una pasta, ya que al adquirir un carrete Kodachrome pagabas el revelado por adelantado.

Acostumbrado a la inmediatez absoluta del tiempo actual, nuestro preadolescente te observará con ojos desorbitados, lengua desencajada y expresión general atónita, circunstancia que aprovechará para hacerse un selfie, que en breves segundos estará colgado en su facebook y será rápidamente observado y comentado por su amplio círculo de amistades.

Todo este alarde nostálgico es comprensible para los que ya tenemos cierta edad, pero hay que rendirse a la evidencia: la fotografía digital es mucho más práctica y cómoda, habiendo quedado reducida la analógica a un uso puntual y casi artesano. Por otra parte, no cabe sino reconocer que sin el advenimiento de la era digital, este humilde blog no habría existido nunca.
 


Kodachrome es el nombre comercial de un tipo de película para diapositivas en color fabricadas por Kodak entre los años 1935 y 2009. En los años cuarenta, el fabricante bromeaba afirmando que era una película tan extraordinaria que sólo podría haber sido creada por el hombre y por Dios (Man and God), haciendo alusión a las primeras letras del apellido de sus dos creadores: Mannes y Godowsky, dos reputados músicos (¡!) profesionales

Se convirtió rápidamente y durante muchos años en la película favorita para la fotografía profesional en color, especialmente la destinada a las publicaciones impresas. El revelado era de una complejidad extrema, pura alquimia, con más de una docena de baños químicos diferentes, lo que la situaba fuera del alcance de fotógrafos aficionados o laboratorios convencionales. Casi todos los países occidentales (excepto Grecia, Portugal e Irlanda) disponían de al menos una planta de revelado Kodachrome. En España, el único laboratorio que la revelaba se encontraba en Colmenar Viejo (Madrid). Para simplificar el proceso, al adquirir un carrete Kodachrome, pagabas también el precio del revelado. 

El declive definitivo de Kodachrome vino ocasionado tanto por la irrupción de competidores (Fuji y su película Velvia, de mayor calidad y sencillo revelado al alcance de cualquiera) como por el advenimiento de la era digital; uno a uno fueron cerrando todos los laboratorios Kodachrome, hasta el punto de que en Europa únicamente quedó el de Lausane (Suiza), cerrado en 2006. En los cuatro últimos años, únicamente el laboratorio norteamericano Dwayne´s (Parsons, Kansas) continuó revelando la película hasta que expiró la caducidad del último carrete fabricado, el 30 de diciembre de 2010. 

El largo período de setenta y cinco años suministrando una maravillosa gama de colores había llegado a su fin. Era el adiós a un mito, el adiós a una parte importante de la era foto-química.

Una de las fotografías a color más conocidas de la historia, la de la niña afgana Sharbat Gula (1984), fue realizada con película Kodachrome. El autor, Steve McCurry, utilizó unos 20.000 carretes Kodachrome a lo largo de su carrera, lo que supone haber disparado, revelado, enmarcado, catalogado y archivado un total de 800.000 diapositivas. El fue también el encargado de disparar el último rollo fabricado de esta película, en julio de 2009.



Para ver alguna de las fotografías del último carrete Kodachrome:



No todas las películas fotográficas pueden presumir de haber dado nombre a todo un parque natural. Sucedió –cómo no- en Estados Unidos cuando, en 1962, se asignó oficialmente la denominación Kodachrome Basin State Park a un espacio natural de gran valor paisajístico situado al sur del estado de Utah.

El mundo de la música, haciendo honor a la profesión de los dos creadores de la película, tampoco se mantuvo insensible a las maravillas del carrete de diapositivas más famoso de todos los tiempos. Así, Paul Simon tituló Kodachrome a una de sus canciones, editada como cara A del single perteneciente a su tercer album de estudio, There Goes Rhymin´Simon (1973). Kodak estuvo al quite, y en lugar de demandar al autor por uso indebido de su marca, utilizó la canción en alguna de sus campañas publicitarias.



Si deseas escuchar esta canción (letra incluída):




!Quién sabe! Si el disco de vinilo ha sobrevivido a la era digital, quizás también el carrete de diapositivas Kodachrome vuelva algún día; y entonces, puede que alguno de sus antiguos usuarios, inmerso ya de lleno en el mundo digital, exclame !qué pereza!

domingo, 17 de enero de 2016

El guardián de la carretera del Escudo



Hace ya más de veinte años que vengo haciendo regularmente el trayecto entre Cantabria y Huérmeces; y el viaje de ida lo realizo casi siempre -si la nieve, la niebla o la excesiva prisa no lo impiden- por la vieja carretera N-623, la Burgos-Santander por El Escudo.

Esta carretera sufrió un duro golpe a principios de los años 90 del siglo pasado, cuando se inaguró la nueva N-627, la Burgos-Santander por Aguilar de Campóo.

Mesón de Masa, en el cruce entre la carretera del Escudo y la Villadiego-Poza

Gasolinera de Quintanilla Sobresierra
Y el golpe ya fue casi definitivo cuando, a principios de siglo, se fueron inagurando sucesivos tramos de la autovía A-67 (Autovía de La Meseta), sobre todo en el difícil trazado entre Aguilar y Santander, finalizado completamente en 2008.

A pesar de que el trayecto por la carretera del Escudo me lleve unos diez o quince minutos más que si lo hiciera por la de Aguilar, creo que compensa la variedad de paisajes que ofrece aquella vieja carretera: las vistas sobre el Pantano del Ebro, el Puerto de Carrales y su hayedo, el amplio Páramo de Bricia, el espectacular descenso hasta Quintanilla-Escalada, los cañones del Ebro y del Rudrón, las filigranas cársticas de Covanera, el mirador de Tubilla del Agua, la interminable recta del Páramo de Masa…

Tubilla del Agua: una marquesina de autobuses dónde antes se encontraba el surtidor de gasolina

Mesón "La Trucha", en Covanera

Debido al drástico descenso en el volumen de tráfico soportado por la N-623, durante estos últimos veintitantos años han ido cerrando multitud de negocios: bares, restaurantes, hostales, estaciones de servicio y talleres de automóviles. En algunos casos, ha sido la mera jubilación de algunos propietarios, unida a las escasas perspectivas de futuro del negocio, la que ha ocasionado su desaparición.

También las ventas de sobaos y quesadas pasiegas se han resentido. No había madrileño ni burgalés que volviera a casa sin ellos tras pasar unos días en las playas de Cantabria. Y ahora van a la playa por Reinosa, para alegría de sus pantortillas, tortos y rosquillas.

En la parte burgalesa cayeron, por citar algunos, la gasolinera de Quintanilla Sobresierra, el Mesón de Masa, el hostal restaurante La Trucha en Covanera, el surtidor de Tubilla, el Hostal Javier de San Felices, La Venta de Orbaneja … En la vertiente cántabra, Casa Zinc y el hostal Ana Isabel, en plena subida del Escudo, el mesón Las Ventas, un poco más abajo …

Hostal Javier, en San Felices del Rudrón

La vieja Venta de Orbaneja
Pero algunos han aguantado. En el Valle de Luena, antes de las primeras duras rampas de El Escudo por la vertiente cántabra, alguien ha seguido al pie de la carretera durante todos estos años. Y piensa seguir.

Es cierto que ha visto con tristeza cómo casi desaparecía el tráfico de camiones, cómo el de turismos pasaba de nacional a local, de anual a estacional, y cómo el único que se incrementaba era el de motos, aunque únicamente los fines de semana de buen tiempo. Pero no importa, él no piensa cerrar.    

La carretera es muy importante para él. No hay muchos lugares en el Valle de Luena que le ofrezcan lo que le ofrece la carretera. Desde su puesto de guardia, día tras día, nada le pasa desapercibido de todo lo que transita por la vieja N-623. Conoce de sobra los horarios y costumbres de los autobuses de la desaparecida Continental-Auto (hoy Alsa), de los panaderos y repartidores de la zona, de las patrullas de la Guardia Civil de Tráfico, de los coches de conocidos, familiares y amigos … No pierde detalle.

Hostal Restaurante "Ana Isabel" en San Miguel de Luena

Mesón "Las Ventas", en Bustasur

No le amilanan ni los numerosos días de lluvia que soportan estos lares. El se encuentra a resguardo dentro del cobertizo que ya hace años que dejó de servir como puesto de recogida de leche; un familiar levantó una visera suplementaria que le protegiera del sol del mediodía o de la lluvia del Gallego; de esta manera, únicamente los crudos días de ventisca invernal falta a su cita diaria con la carretera. Solo o acompañado de algún familiar o conocido.

Yo ya había reparado en él en aquellos primeros viajes de hace más de veinte años. Entonces no conocía ni su nombre ni su historia, pero en muchas ocasiones estuve tentado de parar y charlar un rato. Pero nunca me atreví. Lo más que hice, con el paso de los años, fue realizar un breve saludo con la mano. Incluso, lo reconozco, me llevaba una pequeña decepción si el cobertizo estaba vacío.  

Hace unas semanas, en Alceda, pregunté por él. Me dijeron su nombre y me contaron su historia. Es todo un personaje en la zona.

Sigo pasando por el lugar puntualmente, y el saludo ya no falta nunca, y sé que a él le agrada el gesto, aunque el trazado de la carretera en ese tramo tampoco esté para despistes ni alardes de cordialidad.

El día en el que Carlos, el fiel guardián de la carretera del Escudo, falte a la puntual cita con la N-623, ya no será lo mismo hacer el trayecto Santander-Burgos por esa vieja ruta. Y puede que entonces, la carretera de Aguilar haya ganado definitivamente la partida.

lunes, 4 de enero de 2016

El gran deslizamiento de Ros



Un día cualquiera de enero de 1977, (1) una de las laderas del páramo de Valdecojos colapsó y se precipitó pendiente abajo. Aunque la distancia al pueblo no es muy grande (unos 2 km al NW), y el volumen de tierra y roca deslizado fue enorme (unos 800.000 m3), nadie oyó nada anormal en Ros.



Los vecinos de Ros venían observando desde hacía algún día que el agua del arroyo de Valdecojos bajaba muy turbia, pero no relacionaron este hecho con lo que en realidad había sucedido. Fue en vecino que recorría la carretera entre Los Tremellos y Ros el primero en dar cuenta del suceso.

Hacía mucho tiempo que esta zona del Páramo de Valdecojos presentaba en su extremo occidental una grieta de considerables dimensiones. Los pastores de la zona conocían el peligro que la misma suponía para los animales, pero  más de una oveja acabó engullida por el abismo.





Ortofotografía del SIGPAC (Julio 2014) en la que se aprecia el gran deslizamiento de Valdecojos




El gran deslizamiento de Valdecojos no supone un hecho excepcional en los páramos de Ros. Abundantes en manantiales y humedad, estas laderas han sufrido a lo largo del tiempo los embates erosivos de los tres arroyos principales de la zona: Las Cruces, Valdecojos y Monasteruelo.

A diferencia de lo que sucede en Huérmeces, la mayor parte del paisaje de Ros es de tipo tabular y amesetado, constituido fundamentalmente por materiales del Terciario (2), fácilmente erosionables, aunque con una capa caliza protectora en su culminación.

Estas mesetas terciarias deben su morfología, precisamente, a ese contraste litológico entre las capas duras (calizas de los páramos) y los materiales más blandos situados debajo de ellas. El límite de la superficie estructural de los páramos da lugar, en sus bordes, a escarpes bajo los cuales arrancan las cuestas.

En estas cuestas de fuerte pendiente, constituidas por terrenos margosos (3), y tapizadas en gran parte por derrubios de gravedad, aparecen con frecuencia signos de inestabilidad.

En estos páramos de Ros existen varios ejemplos de deslizamientos de ladera tanto fósiles como activos, incluso contemporáneos.


Hace unos veinte años, al poco de haberse completado los trabajos de concentración parcelaria en el vallejo de Monasteruelo, otro deslizamiento de tierra se produjo en la zona cercana a El Collado, el paso natural del camino entre Ros y Huérmeces.

Deslizamiento de El Collado, entre el camino de Monasteruelo y el antiguo camino de Ros a Huérmeces



Este deslizamiento de El Collado es de dimensiones mucho más modestas que el de Valdecojos, pero no por ello carece de interés. Como sucede en los deslizamientos activos, la superficie de falla es fácilmente reconocible, y la masa de tierra desplazada aún no ha sido cubierta por la vegetación.


Deslizamiento de El Collado desde dentro



Ortofotografía del SIGPAC, deslizamiento de El Collado








En las laderas de los páramos de Ros encontramos también un par de ejemplos de deslizamientos fósiles. A diferencia de los dos anteriores, en estos, el paso del tiempo (mucho tiempo) los ha terminado por consolidar y regularizar, no resultando visible la superficie de falla y estando la masa de tierra deslizada medio enmascarada por la vegetación.



El más evidente es el situado en el Camino Carralancha, a kilómetro y medio al NW de Ros, muy cerca del gran deslizamiento de Valdecojos.


El otro, más modesto, se encuentra muy cerca del anterior, en El Redondillo, a escasos 300 metros hacia el Oeste.


Ortofoto del SIGPAC: deslizamiento fósil del Camino Carralancha

Deslizamiento fósil de La Carralancha

Deslizamiento fósil de El Redondillo

Orfofoto del SIGPAC: deslizamiento fósil de El Redondillo


En otras laderas de la zona se identifican evidencias erosivas que pronostican futuros (y probablemente muy lejanos) deslizamientos.


Páramo de Ros en la zona de La Canaleja: signos de evidente erosión
Ortofoto del SIGPAC (Julio 2014) en la que se observan los principales deslizamientos de Ros
Fotografía del vuelo americano de 1956 en la que se observa que Valdecojos y El Collado aún no han colapsado
Deslizamiento de Valdecojos desde el páramo de Camporrebollo, entre Ros y Los Tremellos





NOTAS Y AGRADECIMIENTOS



(1) No hemos sido capaces de averiguar la fecha exacta del suceso, ni siquiera en cuanto a mes y año. A lo más que hemos llegado es a acotarla entre los meses de enero y febrero, años de 1977 o 1978.

(2) La mitad del término de Huérmeces, sobre todo en las áreas Norte y Este, está constituida por materiales de la Era Secundaria o Mesozoica, en concreto del Cretácico Superior (85-100 millones de años), en forma de calizas del coniancense-santoniense y cenomaniense-turoniense de gran desarrollo, horadadas por el Urbel y sus afluentes; por el contrario, en Ros, casi todo el término está formado por materiales más modernos, pertenecientes a la Era Terciaria o Cenozoica, en concreto al Mioceno Superior (7-23 millones de años).

(3) La ladera de estos páramos está formada por materiales margosos blandos de la denominada Facies Cuestas o Cuesta.

Especial agradecimiento a Félix Ortega Martínez, presidente de la "Asociación Monasteruelo de Ros" por la valiosa información facilitada acerca de los deslizamientos de Valdecojos y El Collado.