domingo, 26 de junio de 2016

El camino del Alto la Cruz

Son apenas 1700 metros de recorrido para salvar un desnivel de unos 110, pero siempre supusieron un repecho importante tanto para viajeros como para comerciantes y labradores.

El camino del Alto La Cruz discurre entre la carretera de Ruyales y el camino de Valdefrailes


El camino del Alto la Cruz serpentea, junto a la antena de telefonía, paralelo y por encima de la carretera de Ruyales


El repecho del Alto la Cruz formó parte del viejo Camino Real de Burgos a Reinosa que, después de salvar el Urbel por el no menos viejo puente del barrio de La Parte, ascendía por esta empinada cuesta hacia Ruyales del Páramo, la Venta de Valtrasero, el Alto del Caracol y Urbel del Castillo. 

El viejo puente del Barrio de La Parte, aprovechado por el Camino Real y, más tarde, por la carretera de Ruyales


Tramo bajo del camino, "doble ese" antes de cruzar el Urbel por el puente del Barrio La Parte (Puente Miguel)


Hasta que, a mediados de los años cuarenta del siglo pasado, la construcción de la nueva carretera de Ruyales relegó al camino del Alto la Cruz a un uso meramente agrario.

El camino en primer plano; al fondo, la carretra de Ruyales y Val; grandes piedras hincadas balizaban el camino durante los temporales de nieve


Esta calzada pudo tener un origen medieval aunque, a pesar de su edad, se mantiene en buen estado y únicamente en la parte media del recorrido se observan señales erosivas importantes, con arrastre de las piedras que formaban la parte central de la calzada.


Aún se conservan largos tramos de la calzada original

En la zona media del recorrido existe un tramo muy dañado por el agua

Al inicio de su recorrido, a la derecha, arranca el camino de Valdefrailes por Escaladilla y Cotillos, por lo que el uso del camino del Alto la Cruz por parte de los agricultores de la zona también se vio notablemente reducido.

Mata de encina en mitad de la ascensión, la única sombra del camino







Solo existe una sombra en todo el repecho; a algo más de la mitad del recorrido, a la derecha, al lado de un pequeño escarpe rocoso, una pequeña mata de encina; en sus cercanías, también existía un manantial, ya perdido.


La cruz, en el alto



Cercano al punto más alto de su recorrido (1018 m), solía erigirse una cruz de madera, que le daba nombre al paraje; hace un par de años se colocó una rústica cruz bien visible desde lejos, a modo de recordatorio de las muchas penurias y calamidades que la ascensión del camino ocasionara.

Culminación de la cuesta, vista desde el lado de Ruyales
En la actualidad, la totalidad de su trazado forma parte del sendero PRC-BU 57 “Cuevas de Valdegoba”, que recorre una buena parte de la zona noroeste del término de Huérmeces.

La anchura del viejo camino era considerable, comparada con las de la carretera de Ruyales y del camino de Valdefrailes


Hasta hace pocos años, existió un vertedero incontrolado en la zona alta del camino; hoy, sendero balizado PRC-BU 57

La iglesia de Ruyales, desde la culminación de la cuesta por el lado de Huérmeces



domingo, 19 de junio de 2016

El castro de San Vicente



San Vicente es una amplia meseta caliza, delimitada por una serie de vallejos y zonas bajas: Valdetope, Praos de Vega, desfiladero de Fuente la Hoz, Valdegabas, Valdefrailes y El Calero.

Esta amplia planicie se encuentra dividida en dos zonas bien diferenciadas, separadas por un visible estrechamiento, recorrido a su vez por una especie de vaguada transversal:

  • San Vicente Norte (40 hectáreas): algo más elevada (1030-1040 m), está casi completamente cubierta de monte bajo de encina, con la salvedad de los terrenos ocupados por la vieja base militar y sus accesos.
  • San Vicente Sur (6 ha): algo más baja (1010-1020 m), no mantiene apenas vegetación leñosa, únicamente una buena mata de encina en su extremo septentrional, al lado del corral, y alguna más pequeña dispersa por el resto de su superficie.



SIGPAC (ortofoto de julio de 2014)
La zona norte ha surtido de leña a los lugareños desde siempre, mientras que la sur ha sido utilizada como un buen pastizal de altura, con dos corrales para el ganado.   

La primera noticia relativa a la existencia de un castro en San Vicente data de 1977, a raíz de los trabajos de prospección arqueológica realizados por José Antonio Abásolo e Ignacio Ruiz Vélez, dentro del ambicioso proyecto de llevar a cabo la denominada Carta Arqueológica de la provincia de Burgos (1):

"Dominando el paso por el desfiladero, en el término "San Vicente" existe un castro. El emplazamiento es óptimo para una población de carácter defensivo pues es difícilmente alcanzable por todos los sectores menos por el N donde le protegía una muralla. Por este sector se puede acceder únicamente, y en él aparecen restos de lo que fue una poderosa muralla, pues a todo lo largo del frente hay un gran apilamiento de piedras. Su disposición es, sin duda alguna, la original, e incluso puede aventurarse la localización de la puerta de entrada. La importancia del castro debió ser grande, a pesar de que su extensión no es considerable, pero su localización y emplazamiento permitían dominar el paso para llegar al alto valle del Urbel. Debido a que hace mucho tiempo no está labrada su superficie, aparecen escasos restos cerámicos, pero de ellos el mayor número corresponde a fragmentos celtibéricos y alguno romano. También ha aparecido teja curva con acusado reborde. El hecho de aparecer cerámica común romana nos indica su continuidad en esa época."


Bing Maps (ortofoto de junio de 2010)




Una vez conocida la existencia de una castro en el lugar, las visitas a la "porción sur" de San Vicente adquieren otra dimensión. No puedes sino preguntarte el motivo por el cual en esta zona no existen apenas matas de encina, a diferencia de lo que ocurre en la zona norte del paraje.

San Vicente desde Itero: la flecha señala la vaguada artificial y, a la izquierda, la muralla del castro

La respuesta parece clara: San Vicente Sur estuvo poblado durante mucho tiempo, quizás hasta después de la romanización de la zona. Y el monte es incompatible con el asentamiento humano. Por razones defensivas, no conviene que existan obstáculos que impidan una buena visibilidad en torno a la población. Para el acopio de leña ya tenían otros montes cercanos, y la prioridad defensiva era clara en aquellos tiempos. Más tarde vendría el aprovechamiento ganadero de sus ricos pastos, lo que imposibilitó la regeneración del primitivo monte de encina.

La vaguada del estrechamiento, con el arranque de la muralla, a la izquierda, y el sustrato rocoso de la porción septentrional de San Vicente, a la derecha.
La vaguada, cayendo hacia Valdefrailes (Oeste)

La vaguada, cayendo hacia Valdetope (Este)

Si observas con atención la vaguada existente en el estrechamiento que separa las dos porciones de San Vicente, concluirás que tiene algo que le confiere un carácter artificial.

No está dirigida hacia una sola vertiente, como suele ser habitual, sino hacia las dos: en dirección a Valdefrailes por un lado, y en dirección a Valdetope, por otro.

No parece fruto de la mera erosión, del simple discurrir del tiempo. Probablemente, ha sido cavada por el hombre, a modo de foso, para acentuar aún más las propiedades defensivas de la muralla norte.  


La muralla, destacando sobre la vaguada
La muralla, vista desde el Norte, con la gran mata de encina
La muralla resulta evidente, destacando sobre el horizonte, cuando te aproximas al castro desde el Norte. Y eso a pesar de encontrarse desmantelada en parte, tanto por el paso de los siglos como por el aprovechamiento que de sus piedras han realizado generaciones de pastores para la construcción de los dos corrales existentes en el lugar.

La muralla protege la única zona por la que el castro resultaría fácilmente accesible: la norte-noroeste. En el resto del enclave, los importantes cortados calizos hacen irrelevante cualquier intento de levantar fortificaciones artificiales. 

La estructura constructiva de la muralla es muy simple, consistiendo en la simple acumulación de mampuestos toscos poco o nada trabajados. No hay obras de flanqueo, siguiendo un modelo conceptual sencillo y primitivo. 

Acceso al castro por el extremo Noroeste

El mismo acceso, visto desde el interior del castro
En el flanco NW se ve claramente el emplazamiento de la puerta de entrada al castro, tanto por la desaparición puntual de la muralla como por la presencia de rodadas en la roca caliza del sustrato, aunque aquéllas pudieran haber sido acentuadas por el trasiego de carros muy posterior a los tiempos del poblado.

La plataforma del castro tiene unas dimensiones máximas de 400 m de largo (N-S) por 150 m de ancho (W-E), con una superficie aproximada de 6 hectáreas, casi completamente llanas, con un corral en su mitad meridional. 

Plataforma del poblado, vista desde el sur

Plataforma, desde el norte, en las cercanías de la muralla; al fondo, matas arbustivas en el corral sur

 
Uno de los dos corrales con que cuenta San Vicente, en este caso el situado al sur de la plataforma

Las defensas naturales del castro son importantes, tanto en las empinadas laderas que caen hacia el Oeste (Valdefrailes), como en las que lo hacen hacia el Sur (Valdegabas) y el Este (Valdetope y Fuente la Hoz).

 
Cortado en la ladera de Valdefrailes

Cortado hacia Valdegabas y Fuente la Hoz: fuertes defensas

Ladera hacia Valdefrailes: abundancia de piedras procedentes de la muralla

Ladera hacia Valdetope: mejores defensas naturales

Parece ser que en los tiempos del poblamiento humano de San Vicente (Bronce Final y Primera Edad del Hierro), las condiciones ecológicas del medio eran más húmedas que las actuales, con más precipitaciones, ríos más caudalosos, abundancia de manantiales y mayor desarrollo de los bosques.

Nos encontraríamos ante una economía fundamentalmente ganadera, aunque con cierta importancia de los aprovechamientos silvícolas, y sin apenas transformación de los ecosistemas por parte del hombre, en un contexto de autoabastecimiento, escasa movilidad geográfica y casi ausencia de intercambios.

Los principales aprovechamientos serían:  madera, frutos secos (nueces, bellotas), frutos silvestres (manzanos, perales, guindos), setas, hongos, caza y pesca (truchas y carpas). Especial importancia tendrían los pastos naturales, realizando un vivaqueo por el monte con los animales (más trasterminancia que trashumancia) entre las zonas altas y bajas de un mismo valle. 

La composición de la cabaña ganadera era muy similar a la moderna: bovino, ovino, caprino y suidos, con presencia de équidos (caballo, asno) y cánidos (perro). La leche y sus derivados representan una parte importante de la dieta.

La caza tendría una importancia relativa: (ciervo, jabalí, gamuza, hurón, oso, marta y conejo), representando solo una pequeña parte de la dieta, debido a la relativa sedentarización de estas poblaciones.  

En cuanto a la estructura interior del poblado, poco puede aventurarse, por la ausencia  de prospecciones. Los referentes, hasta el momento, son las excavaciones realizadas en el castro de Los Baraones (Valdegama, Palencia) y La Ulaña (Humada, Burgos).(3)

Las viviendas serían "construcciones circulares con hogar casi central y postes, banco, zócalo de piedra y entramado de madera y barro, con suelo de tierra apelmazada."(2)

El castro de San Vicente pertenecería a la facies cultural (desarrollada -sobre todo- durante la Primera Edad del Hierro) denominada castros de altura, que se desarrolla en las tierras de las Loras -burgalesas y palentinas-, zona montañosa de Las Merindades y la montaña soriana. 

Estos poblados dejaron de utilizarse, al cambiar el modelo de poblamiento, al comienzo de la Segunda Edad del Hierro (500 años A.C.).

Es probable que sus restos pudieran volver a ocuparse, esporádicamente, en episodios puntuales de crisis, pero serían los pastores los que acabarían por hacer un mayor uso de las antiguas construcciones, tanto como refugios como corrales.

En la plataforma del castro también existió una ermita, por lo menos hasta el siglo XVI. Se desconoce su ubicación exacta. Probablemente, se levantó en los primeros años de la repoblación altomedieval (de finales del siglo IX a principios del X). 

El rico pastizal de San Vicente, a principios de verano






Para hacernos una idea de cómo era un poblado durante la Primera Edad del Hierro:

poblado cántabro de Argüeso 




BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:
  1. Carta Arqueológica de la Provincia de Burgos. Partido Judicial de Burgos, José Antonio Abásolo, Ignacio Ruiz Vélez, Diputación Provincial de Burgos (1977) [páginas 32-33]
  2. El patrón de poblamiento en las Loras burgalesas durante el Bronce Final y la primera Edad del Hierro, Ignacio Ruiz Vélez, Ramón Bohigas Roldán y Alfonso Bourbon de Izarra, Institución Fernán González, Burgos (2014)
  3. El castro de La Ulaña (Humada, Burgos). La documentación arqueológica (1997-2001), Miguel Cisneros Cunchillos, Pilar López Noriega, Universidad de Cantabria, Santander (2005) 



sábado, 11 de junio de 2016

Ubierna abajo: de Pozorruyo a Villalonquéjar



“Valle y río de España, provincia y arzobispado de Burgos. Toma su nombre del pueblo de Hubierna. Situado a 3 leguas al Norte de Burgos, y baja serpenteando por los pueblos de San Martín, Quintana-Hortuño, Soto-Palacios, Vivar del Cid, Villarmero y otros, hasta desaguar en Villalon Cajar en el Arlanzón, que baña a Burgos, introduciéndose en él por su margen septentrional antes de bañar a Tardajos.”  

(Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal, Sebastián de Miñano y Bedoya, 11 volúmenes, Madrid, 1826-1829)


“río en la provincia de Burgos, se forma de dos arroyuelos que nacen en un vallecito titulado de Santa María, en el término jurisdiccional de Quintanilla Sobresierra (partido judicial de Sedano), y se reúnen a corto trecho del pueblo de Hubierna, cuyo nombre toma y conserva, hasta que después de tres leguas de curso, se incorpora con el Arlanzón en el término de Villalonquéjar, habiendo antes bañado a San Martín de Hubierna, Hubierna, Quintana-Ortuño, Soto-Palacios, Villanueva de Río Hubierna, Vivar del Cid y otros; en cada uno de estos pueblos que baña, hay sobre él pontones de madera construidos por los respectivos vecinos; cría muchos cangrejos y algunos peces pequeños.” 

(Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Pascual Madoz, 16 volúmenes, Madrid, 1845-1850)


“Es un río de España, un afluente del río Arlanzón, a su vez afluente del río Duero. Nace en el Páramo de Masa, cerca de la localidad de Masa. Discurre íntegramente por la provincia de Burgos durante unos 50 km. Recorre los municipios de Merindad de Río Ubierna, Quintanaortuño, Quintanilla Vivar, Sotragero y Alfoz de Quintanadueñas. Desemboca en el Arlanzón cerca de la localidad de Villalonquéjar, término municipal de Burgos. Su nombre proviene de la principal localidad que recorre, Ubierna.”
                                                    (Wikipedia, 2014)




       
El Ubierna es un río de curso aproximadamente paralelo al del Úrbel, aunque algo más corto de recorrido: unos 45 km de longitud total, contando desde Pozorruyo, el manantial más alejado, situado a unos 1,4 km al Este de Masa.

Y al igual que aquel, el Ubierna posee un pasado glorioso, primero como vía de acceso desde las montañas del norte en los tiempos de la repoblación altomedieval, después como solar de andares cidianos y más tarde como red arterial de una próspera merindad.

No puede decirse lo mismo de su presente ni de su futuro; ambos excesivamente encorsetados entre una fábrica de explosivos que restringe el acceso a parte de su cabecera, y una depuradora, un extenso polígono industrial y una autovía, en su desembocadura, en Villalonquéjar, muy cerca ya del casco urbano de Burgos.

Ubierna, topónimo de etimología desconocida, además de a un río y a una población, presta su nombre a un antiguo alfoz, a una vieja merindad y a un moderno municipio. Y Ubierna es, también, un patronímico muy común en la comarca.

Es posible realizar una excursión de 45 km en bicicleta, en una sola jornada, desde Pozorruyo hasta Villalonquéjar, evitando carreteras y buscando siempre el camino más cercano al río; con la salvedad de un tramo de casi cinco kilómetros y medio, en su cabecera, que se encuentra dentro del recinto vallado de la fábrica de explosivos. Dentro de este tramo vedado se encuentra uno de los principales manantiales de cabecera, La Cueva, en la ladera de Rabinaldo (Quintanilla Sobresierra). Pero existe una ruta alternativa que no se separa demasiado del joven Ubierna, y que apenas supone realizar algún kilómetro de más.

Al igual que se hizo con el recorrido del Urbel, (ver post El Urbel que nos lleva en este mismo blog) se trata de una excursión hidrológica, en la que se destacan los hitos propios del río: puentes (sobre todo los de piedra), vados, molinos (los caídos o a medio caer, ya que los rehabilitados suelen ser viviendas privadas), arroyos tributarios, fuentes, áreas recreativas, etc.

Molino de Abajo, Robredo Sobresierra

Molino de Villarmero

Molino Cendrera, Sotopalacios
El caudal medio del Ubierna es más bajo que el del Urbel, pero aún así llegó a mover 23 molinos harineros en sus buenos tiempos (mediados del siglo XVIII, según el Catastro de Ensenada), sobre todo en los pueblos de Ubierna (6 molinos), Quintanilla Sobresierra (4), Sotopalacios (3) y Robredo Sobresierra (2). Hoy en día, aparte de los rehabilitados para vivienda (unos 6 o 7 a lo sumo), resultan visibles las ruinas de otros tantos. Del resto, ni rastro.


 


Lo mismo puede decirse de sus puentes. A pesar del escaso caudal del río, eran frecuentes las avenidas e inundaciones, sobre todo en su curso bajo, lo que hizo necesaria la construcción de buenos puentes. Han llegado hasta nuestros días 10 puentes de piedra de diversos tamaños y edades, algunos ya de uso exclusivamente peatonal: Robredo Sobresierra (de 2 ojos, en el camino hacia Gredilla), Gredilla La Polera (de un solo ojo, en el viejo camino hacia Mata), Quintanaortuño
Puente viejo de Robredo Sobresierra


Puente de Villalonquéjar

Puente viejo de Sotragero
(uno de 2 ojos, atribuido a San Juan de Ortega, en el viejo camino de Ubierna; y otro, de un solo ojo, en la carretera CL-629, Burgos-Santoña), Ubierna (de supuesto origen romano), Vivar (de 8 ojos, utilizado por el antiguo trazado de la N-623, Burgos-Santander), Quintanilla Vivar (de 2 ojos, junto a la iglesia de Santa Eulalia), Sotragero (de 3 ojos, en el antiguo camino real de Burgos a Reinosa), Quintanadueñas (5 ojos, usado por la carretera BU-622, la vieja Burgos-Aguilar) y Villalonquéjar (de 3 ojos, en el antiguo Camino de Mercaderes, hacia Tardajos, por El Collado).

Hoy existen también 16 puentes de hormigón y 3 puentes de tablero doble para dar servicio a la autovía de Aguilar y a la de circunvalación
   
No menos interesantes resultan los dos puentes del desaparecido ferrocarril Santander-Mediterráneo. Con estribos de piedra y tablero metálico, cruzan el Ubierna en las cercanías de Quintanaortuño y Sotragero. Hoy, dicho trazado ferroviario se
Puente de Gredilla
encuentra en avanzado proceso de reconversión en vía verde, y aún no es posible el cruce de ninguno de los dos puentes sin jugarse estúpidamente el pellejo.



Pocos y de escaso caudal son los arroyos y riachuelos tributarios del Ubierna: Fuentemaján (3 km hasta Quintanilla Sobresierra), Jordán (5 km hasta Villalvilla Sobresierra), Rucios (4 km desde Castrillo hasta San Martín de Ubierna), Rueda o Espisas (3 km hasta Ubierna), Río de La Hoz (7 km desde Peñahorada hasta Quintanaortuño), y el más importante, el Rioseras (15 km desde Caborredondo hasta Vivar).

En la ruta propuesta, los puntos kilométricos se refieren siempre al curso del río, pero coinciden -aproximadamente- con el recorrido a realizar por caminos siempre cercanos a aquél:



Recorrido total del Ubierna

Altitud
(m)
Parcial
(km)
Total
(km)
Manantial de Pozorruyo
1020
0,0
0,0
Cruce Camino de los Arrieros: Valla Maxam
1005
1,5
1,5
Vado entrada de Quintanilla Sobresierra
955
6,5
8,0
Puente de Quintanarrío
925
4,8
12,8
Puente Viejo de Robredo Sobresierra
915
1,7
14,5
Puente Viejo de Gredilla
895
3,8
18,3
Puente N-623 en San Martín de Ubierna
890
3,4
21,7
Puente San Juan de Ortega (Quintanaortuño)
870
7,5
29,2
Puente del Acorro (Sotopalacios)
860
2,7
31,9
Puente de Quintanilla-Vivar
855
3,2
35,1
Puente viejo de Sotragero
845
2,1
37,2
Puente de Quintanadueñas
840
3,3
40,5
Puente de Villalonquéjar
830
4,4
44,9
Desembocadura en el Arlanzón
830
0,3
45,2
 

Km 0,0: Pozorruyo

El manantial más alejado de todos los que forman la cabecera del Ubierna; la poza ha sido recrecida artificialmente y el arroyo fluye ya seco en sus primeros metros, rumbo sur, por el paraje de Las Navillas, hasta encontrarse con el canal de drenaje de otra de las pozas de la zona, Las Calentonas.

Pozorruyo; al fondo, la fábrica de explosivos y un parque eólico


Las Calentonas
 
El curso sigue seco por el paraje de Aguas Nevadas, formando pequeños meandros en un terreno típico de herbazal. Poco después de alcanzar el Camino de los Arrieros (o de Vitoria) finaliza -teóricamente- nuestra excursión por la cabecera del Ubierna, pues nos topamos con una alambrada que recorre toda la anchura del valle y remonta las peñas y alturas vecinas.

Aguas Nevadas: arroyo seco y valla de cerramiento de la fábrica de explosivos









Km 1,5: Valla de la fábrica de explosivos

A partir de aquí ya es responsabilidad de cada uno el "infringir la ley", cruzando o no la valla por debajo del curso seco del arroyo.

Si somos amigos de infringir la ley solo un poco (es fin de semana), y nos encontramos en temporada de deshielo o de fuertes lluvias, quizás pueda merecer la pena acercarse a la cueva de Valdemiguel (también denominada Rumiadera o Rebulladera), uno de los manantiales estacionales más espectaculares del alto Ubierna. A primeros de junio ya está seco, pero el paraje sigue resultando curioso. Este recorrido desde la valla es mejor realizarlo a pie que en bici, pues gran parte de sus 2 km son casi intransitables para la dos ruedas.

Ruyalejo, cerca ya de la cueva de Valdemiguel

 
Cueva de Valdemiguel, seca en junio a pesar de haber sido una primavera lluviosa




Aunque la cueva de Valdemiguel aún se encuentra lejos de la fábrica y de su campo de prácticas, lo más aconsejable es no continuar a partir de aquí, por lo que volvemos a desandar lo andado y a cruzar de nuevo la valla y, ya en lado correcto de la ley, tomar la ruta alternativa propuesta: coger a la derecha el aludido camino de los Arrieros hasta alcanzar el paraje de La Tabla, continuando desde allí por el antiguo camino de Masa a Quintanilla, rodeado de plantaciones de pinos, siempre con la valla de la fábrica a nuestra izquierda.

Por esta "alta ruta" las vista sobre el joven Ubierna, con las instalaciones de la fábrica al fondo, no dejan de tener su aquel, sobre todo con buen tiempo. El camino se encuentra en aceptable estado y su trazado es relativamente llano.

 
Meandros del joven Ubierna, dentro de los terrenos de la fábrica de explosivos; al fondo, pinares de Valdemiguel








El camino alternativo discurre -siempre en el lado bueno de la valla- por la Loma de Medio; en primer plano: peonías
El alto Ubierna rodea el campo de fútbol de Quintanilla, cuyos tejados aparecen al fondo


No muy lejos de la carretera de acceso a la fábrica se encuentra el principal manantial permanente de la cabecera del Ubierna: La Cueva. Nos conformaremos con verlo desde lejos, desde el otro lado del valle, ya que el acceso al paraje no es posible hoy en día sin la previa autorización de la empresa. Las fotos que adjunto son de hace casi veinte años.

La Cueva, principal manantial de la cabecera del Ubierna

La Cueva, en pleno funcionamiento

Una vez divisado el campo de fútbol Carricampo, cuyo césped pulcramente cuidado no desentona con la vegetación de ribera, iniciamos el descenso hacia el pueblo de Quintanilla Sobresierra.

Carricampo: campo de fútbol de Quintanilla Sobresierra; en primer plano, vegetación de ribera del joven Ubierna





Km 8,0: vado de Quintanilla

En bicicleta se cruza sin problemas (a pie existe un paso muy cerca), justo antes de alcanzar las primeras casas del pueblo. Cruzamos el casco urbano del mismo, con la curiosa iglesia de San Pedro en lo alto, y un acogedor bar con terraza, casi al lado de la carretera de Santander.

Vado de Quintanilla Sobresierra





Poco después del vado, el Ubierna recibe el importante aporte hídrico que le proporciona el arroyo de Fuentemaján, que nace en la fuente homónima, 3 km vallejo arriba, en la falda este de La Lastrilla, en la que se encuentra la ermita de Las Mercedes.

Salimos del pueblo por el camino de Quintanarrío, cruzando la carretera de acceso a la fábrica. A unos 200 metros, junto a la caseta de captación de aguas, se encuentra otro de los manantiales permanentes del Ubierna: La Poza. Profunda y de aguas cristalinas, merecería mayores cuidados que un simple desbroce anual. Al igual que sucede en otras muchas "pozas" de la zona, aquí se repite la leyenda del carro de bueyes tragado por sus insondables profundidades.

La Poza, en Quintanilla Sobresierra, otro de los principales manantiales del alto Ubierna


Al poco de que el camino de Quintanarrío cruce el arroyo de Valdefradas, escondidas entre la densa vegetación de ribera, se encuentran las ruinas de dos de los molinos con que contó Quintanilla: El de Arriba (Negro) y el de Abajo (Blanco), en referencia al tipo de harina que se obtenía tras la molienda: blanca para hacer pan, negra para el ganado. Del primero no queda casi ni rastro, y del segundo aún resultan visibles las paredes.

De todas formas, su acceso se encuentra al otro lado del río, por un camino que parte de la N-623, a un kilómetro del pueblo.

Ruinas del molino Blanco o de Abajo



Km 12,8: Puente de Quintanarrío

El camino desde Quintanilla discurre plácidamente por la margen izquierda del Ubierna hasta el cruce situado debajo del depósito de aguas, que nos conduce a Quintanarrío tras cruzar un puente de hormigón y una cuidada área infantil.

Chopera en el tramo entre Quintanilla y Quintanarrío


Puente en las cercanías de Quintanarrío, en el camino hacia Quintanilla
Area infantil a la entrada de Quintanarrío



Según Madoz, este pueblo contaba con molino y, de hecho, en el recién cruzado puente se conserva aún el azud para desviar el agua por un cauce, pero no he podido encontrar su ubicación ni a nadie a quien preguntar.

Tras cruzar el pueblo, tomamos el camino que parte desde su iglesia románica en dirección a Robredo, ahora ya por la orilla derecha del Ubierna.

Camino de Quintanarrío a Robredo, por la orilla derecha del Ubierna

Vegetación de ribera (chopos y majuelos en flor) en el tramo del Ubierna entre Quintanarrío y Robredo


Al llegar a la carretera de acceso a Robredo, cruzamos el Ubierna por un puente de hormigón e, inmediatamente, tomamos a la derecha el recién desbrozado camino del molino de Abajo, en ruinas, y con una fuente en sus inmediaciones. Continuamos ahora por una senda camino de Robredo y de una de las joyas del recorrido.


Puente en la carretera de Mata a Robredo Sobresierra
Cristalinas aguas del Ubierna en las cercanías del molino de Abajo, en Robredo


Molino de Abajo y fuente, en Robredo



Km 14,5: Puente viejo de Robredo Sobresierra

En un paraje sombreado y bien cuidado, este estrecho pero armonioso puente de piedra, con dos ojos asimétricos y tajamar, finamente labrado, bien merece una parada.

El puente viejo de Robredo, con sus dos ojos y tajamar central con tejadillo
El puente de piedra y la cuidada vegetación de ribera componen uno de los rincones más bellos de todo el alto Ubierna



Lo cruzamos y, por el viejo camino hacia Gredilla, nos desviamos al poco a la izquierda, en dirección a Villalbilla, para mantenernos paralelos al río, siguiendo por su margen derecha, hasta alcanzar un puente de hormigón, a escasos 200 metros antes del segundo pueblo.

Puente de hormigón en las cercanías de Villalvilla


En lugar de cruzar el puente, seguimos pegados al río, por el llamado camino de La Vega, para en poco menos de 2 km llegar a Gredilla, tras cruzar un nuevo puente de hormigón.

Camino de La Vega, entre Villalvilla y Gredilla (al fondo)
 
Gredilla La Polera, al final del camino de La Vega


Km 18,3: Puente viejo de Gredilla La Polera

Cruzamos Gredilla por la carretera y, a la salida del pueblo, a la derecha, parte el camino de Mata, que cruza el Ubierna por un amplio vado. A escasos 50 metros aguas arriba encontramos otra de las sorpresas del curso alto del río: un puente de piedra de un solo ojo, muy estrecho, apto solo para el paso de peatones y bestias, con trabajadas paredes en sus extremos.

Vado en el camino de Gredilla a Mata
El viejo puente de Gredilla, de un solo ojo, y supuesto origen romano



Desgraciadamente, el paraje -a diferencia de lo que ocurre en Robredo- merecería un mejor mantenimiento. Volvemos a la carretera, en dirección a la N-623, a la que llegamos en un kilómetro y medio.

Puente de la carretera de acceso a Gredilla, que parte del extremo Norte del desfiladero del Ubierna




Antes de alcanzar la carretera volvemos a cruzar el Ubierna por el puente de acceso a Gredilla. No nos queda más remedio que realizar esta parte del recorrido por la carretera de Santander que, aunque entre semana no registre mucho tráfico, en el buen tiempo y fines de semana no deja de ser una nacional. En poco más de 1,5 km de desfiladero llegamos al pueblo que separa el alto del bajo Ubierna.




Km 21,7: Puente de San Martín de Ubierna

El moderno puente de la N-627 salva al mismo tiempo la carretera de acceso al pueblo y el río mismo. Justo a la salida del pueblo, por el camino asfaltado que se dirige a Ubierna, al río le llega por su derecha el aporte de agua del arroyo de Rucios, que nace en las cercanías de Castrillo.

Por el citado camino asfaltado alcanzamos en 2 km la localidad que da nombre al río.

San Martín de Ubierna, a la salida del desfiladero; el arroyo de Rucios acaba de incorporar su agua al río

Ubierna, por el camino que -paralelo al río- comunica al pueblo con su barrio, San Martín

Ubierna tiene dos bares en los que reponer fuerzas, uno en la plaza y otro a la salida en dirección a Burgos. En el centro del pueblo, el río recibe el caudal del arroyo de la Rueda o de Las Espisas, que baja paralelo al viejo camino de Ubierna a Huérmeces, con las ruinas del castillo de Ubierna y Monteacedo por testigos finales de su desembocadura.

Arroyo de las Espisas, camino de Ubierna; a la derecha, su paso por el pueblo





















 
Ubierna y el puente nuevo

Abandonamos Ubierna por el puente nuevo sobre su río y tomamos el Camino de Carresoto que, como su propio nombre indica, sigue paralelo al Ubierna, por su margen izquierda, hasta alcanzar la localidad de Quintanaortuño.

Camino de Carresoto, entre Ubierna y Quintanaortuño


Pero antes de llegar a este pueblo, el Ubierna es sobrevolado por el doble tablero de la autovía de Aguilar (A-73), creando una amplia zona sombreada, muy de agradecer en días calurosos.

El Ubierna pasa por debajo de la autovía de Aguilar en las cercanías de Quintanaortuño



Km 29,2: Puente de San Juan de Ortega (Quintanaortuño)

Al poco, encontramos otra de las joyas de la ruta del Ubierna. Se trata de un viejo puente de piedra que, atribuido a San Juan de Ortega (nacido en Quintanaortuño en 1080; patrón de los aparejadores), ahora ha quedado para uso exclusivamente peatonal, dentro de una amplia zona de picnic, y con la autovía de fondo.



Area de picnic en las cercanías de Quintanaortuño, al poco de dejar atrás el puente de piedra



Al lado del puente de piedra, un moderno puente de hormigón da servicio al camino que, en poco más de 500 m nos lleva al pueblo, con su arruinada iglesia de San Martín en lo alto.

En las afueras del pueblo, otro destacado puente de piedra, aunque este mucho más moderno: el que da servicio a la carretera regional CL-629, Burgos-Santoña por Los Tornos.


Puente de piedra de la carretera Burgos-Santoña, a la altura de Quintanaortuño


Y un poco más abajo, aunque ya en terrenos de Sotopalacios, otro puente destacable, el del extinto ferrocarril Santander-Mediterráneo, futura vía verde.









Poco después del puente metálico (que no puede cruzarse hasta que finalice el acondicionamiento de la vía verde) volvemos sobre nuestros pasos en busca de las ruinas de uno de los cuatro molinos cidianos con que contaba la zona.

Por el camino homónimo, alcanzamos sin pérdida el molino Cendrera (de centenera, tierra de centeno), completamente arruinado, y que se mantuvo en pie hasta mediados de los ochenta.

 




Molino Cendrera. Un antiguo molino cidiano, muy alterado y en ruinas
 

km 31,9: Puente del Acorro (Sotopalacios)


Por el citado camino Cendrera, en un kilómetro escaso, llegamos a la capital del municipio Merindad de Río Ubierna. Por el puente cruzamos el río camino del Palacio del Cid o de los Adelantados. Un camino lo circunvala totalmente, continuando hacia un área de picnic, junto a los escasos restos (pasarela de piedra) de otro de los molinos cidianos, el hoy denominado Molino Caído.


Una pasarela de piedra sobre el antiguo cauce, es todo lo que queda del "Molino Caído"
 
El Ubierna presenta en este tramo un alto grado de urbanización, con un par de pasarelas de madera, escolleras y viviendas por doquier. Si Rodrigo Díaz levantara la cabeza ... puede que iniciara su destierro sin mandato real alguno. O quizás no.


Volvemos a cruzar el río por la segunda de las pasarelas de madera, camino de la patria chica de Rodrigo Díaz. Justo antes de llegar, el Rioseras -su afluente más importante- aporta su caudal al Ubierna, por su izquierda.

Alcanzamos Vivar del Cid por el antiguo trazado de la carretera N-623, gracias al larguísimo puente de piedra de ocho ojos, la mayor parte de los cuales permanece medio cubierta por la vegetación ribereña.

Puente de Vivar del Cid. Uno de los pocos ojos visibles desde la orilla


km 35,1: Puente de la Iglesia de Santa Eulalia (Quintanilla-Vivar)

Desde Vivar, por camino, alcanzamos Quintanilla-Vivar en apenas dos kilómetros. Y aquí, junto a la iglesia de Santa Eulalia, encontramos otro bello puente de piedra, en este caso de dos ojos.





Nada más cruzarlo tomamos el camino que sale a la izquierda, en dirección a Sotragero. Medio kilómetro después nos topamos con un nuevo puente de la autovía de Aguilar. Además del Ubierna, el camino de Sotragero también discurre por debajo del mismo.

Puente de la autovía de Aguilar. Al fondo, Quintanilla-Vivar
 
Al poco, el camino se cruza de nuevo con el trazado de la vía verde del Santander-Mediterráneo, y merece la pena acercarse al segundo puente metálico sobre el Ubierna, muy similar al de Quintanaortuño, aunque este de Sotragero tiene un trazado menos oblicuo que aquel.

Segundo puente del ferrocarril Santander-Mediterráneo, entre Quintanilla-Vivar y Sotragero




Km 37,2: Puente viejo de Sotragero

Siguiendo por el camino paralelo a la orilla derecha del Ubierna, llegamos a la carretera de acceso a Sotragero, justo en el punto en el que coinciden el viejo y el nuevo puente.

El puente viejo de Sotragero; detrás, el pretil metálico del nuevo, casi paralelo
El Ubierna, aguas arriba desde el puente de Sotragero
Para llegar a Villarmero tenemos dos opciones: por camino (margen derecha del río) o por una tranquila carretera local (margen izquierda del Ubierna); tomamos esta segunda ruta y, en poco más de 1 km, llegamos al pueblo.

Nos dirigimos hacia el río, pero justo antes de cruzarlo por un moderno puente de hormigón, nos desviamos a la derecha para contemplar las ruinas del molino de Villarmero, cuyas paredes han sido profusamente grafiteadas, y con un depósito de agua en sus inmediaciones.

Molino de Villarmero





















Molino de Villarmero






Cruzamos el puente y, ahora por la orilla derecha, seguimos Ubierna abajo en dirección a Quintanadueñas.

El Ubierna camino de Quintanadueñas, desde el puente de Villarmero
  

Km 40,5: Puente de Quintanadueñas

Por un cómodo camino, en un par de kilómetros llegamos a las primeras casas de Quintanadueñas, para alcanzar otro de los hitos de la ruta del Ubierna: el puente de piedra de cinco ojos, 30 metros de longitud y 5 de anchura, que da servicio a la BU-622, la vieja carretera de Aguilar. 

Puente de Quintanadueñas: de cinco ojos, aunque solo se vean cuatro en la fotografía
Parece ser que el puente anterior tenía once arcos, pero una riada se llevó gran parte de ellos y hubo que levantar un puente completamente nuevo.

A partir de Quintanadueñas no nos queda más remedio que transitar por carretera, ya que las obras de construcción de la autovía de circunvalación impiden todo tránsito por los caminos de la margen derecha del Ubierna.

Y no es una carretera muy atractiva precisamente la que da servicio al polígono industrial de Villalonquéjar. Son casi seis kilómetros desde el puente de Quintanadueñas hasta el último puente del Ubierna, aunque el río tarde bastante menos (4,8 km exactamente):


Km 44,9: Puente de Villalonquéjar

Espléndido puente de piedra del siglo XVIII para despedir al Ubierna antes de que desagüe en el Arlanzón. Antiguamente daba servicio al denominado Camino de los Mercaderes, entre Tardajos y Villalonquéjar.

Puente de Villalonquéjar


Hoy, rodeado de la EDAR por un lado, del polígono industrial por otro, y con las obras de la circunvalación por medio, se le ve un poco agobiado, soportando el incesante paso de camiones.

El puente de piedra de Villalonquéjar, entre la EDAR de Burgos y las obras de la autovía de circunvalación
Si Villalonquéjar es un pueblo anejo al mayor polígono industrial de Castilla y León, qué podríamos decir de Villagonzalo-Arenas. Que es un lugar completamente rodeado por el polígono, hasta casi pasar desapercibido.

Villalonquéjar, en el centro, con el polígono detrás y la EDAR delante; a la izqda. el Ubierna desaguando en el Arlanzón

Al fondo, en el centro, apenas resultan visibles los tejados de Villagonzalo-Arenas

Km 45,2: FIN DE RECORRIDO: el Ubierna desagua en el Arlanzón

Triste final el del Ubierna, después de 45 kilómetros de recorrido. Ya sobresaltado desde su nacimiento por explosiones de dinamitas, pentritas, hidrogeles y vaya usted a saber, pero remanso de paz en el resto de su curso alto, al cidiano río se le ocurrió ir a morir en el lugar menos apropiado posible.

Quizás cuando finalicen las obras de la BU-30 vuelva un poco la calma a este paraje, pero los olores de la depuradora han venido para quedarse, y el tráfico por la autovía se convertirá en la banda sonora de fondo que dirá adiós a las aguas del Ubierna, camino de Oporto.
 
El Ubierna, por la izquierda, desagua en el Arlanzón




Molinos y puentes sobre el Ubierna:



Localidades
bañadas
por el Ubierna
Alti-
tud
(m)
Molinos en el Ubierna
Puentes sobre el Ubierna
1752
1850
2016
Pie-
dra
Hor-
migón
Auto-
vía
Metal
FFCC
Rehab.
Ruina
Quintanilla Sobr.
955
4
4

1

4


Quintanarrío
925
1
1



1


Robredo
915
2
3
1
1
1
1


Villalvilla
910
1




1


Gredilla La Polera
900
1



1
2


San Martín
890





1


Ubierna
880
6
3
1

1
2


Quintanaortuño
870

2
1

2
2
1

Sotopalacios
860
3
1
1
2

1

1
Vivar del Cid
855
1

1

1



Quintanilla Vivar
855
1

1
1
1

1
1
Sotragero
855
1
1
1

1



Villarmero
850
1


1

1


Quintanadueñas
840
1



1

1

Villagonzalo Aren.
835








Villalonquéjar
830




1



Total ruta del Ubierna
23
15
7
6
10
16
3
2

No se han incluido pasarelas peatonales de madera (Sotopalacios) ni puentes de servicio de la EDAR de Burgos (Villalonquéjar).
Serán bien recibidas posibles correcciones y ampliaciones de datos relativos a molinos y puentes.


NOTA:

La fábrica de explosivos (hoy Maxam, antes Unión Española de Explosivos e inicialmente ERT-Unión Explosivos Rio Tinto), operativa desde finales de 1979, ocupa una superficie de 335 has, aunque la finca propiedad de la empresa ocupa un área total de 2500 has, de las cuales la mayor parte corresponden al término de Quintanilla Sobresierra, que se desprendió de un tercio del mismo. Hontomín y Masa también vendieron una parte de sus terrenos.

En los últimos años, la empresa ha emprendido diversas actuaciones encaminadas a un lavado de cara medioambiental: utilización de varias balsas impermeables, trabajos -en colaboración con la Universidad de Santiago- de fertirrigación de pinares para un "reciclado" parcial de nitratos, y reducción del consumo de agua en el proceso fabril, entre otras.