sábado, 24 de junio de 2017

Los primeros "faroles": los neandertales de Valdegoba



Hace muchos, muchos años, cuando aún no existían fronteras nacionales ni siquiera municipales … mucho antes … cuando los humanos aún no habíamos sucumbido a la irresistible atracción del ladrillo … cuando lo más parecido a una casa era el abrigo de una cueva … entonces, justo entonces, hace unos 70.000 años, la porción de terreno de unos 25 kilómetros cuadrados que hoy conocemos por el nombre de Huérmeces, se encontraba habitada por unos homínidos razonablemente parecidos a nosotros, de complexión más fuerte y modales quizás más rudos, de prominentes cejas, ausencia de mentón y de pómulos, sin hábitos depilatorios, pero por lo demás bastante similares, con sus ilusiones y sus desencantos, sus sueños y sus pesadillas, su lucha por la supervivencia, su preocupación por la alimentación de sus hijos, por la seguridad del grupo, por conseguir dormir caliente cada noche  ...

La cueva de Valdegoba está temporalmente habitada por un grupo –o clan- de cazadores, recolectores y carroñeros, que explota el entorno como buenamente puede, en medio de una climatología sensiblemente más fría que la actual. Dominan el fuego, disponen de una amplia variedad de útiles de piedra ya refinados, cuidan de ancianos e impedidos, y entierran a sus muertos.


Una de la hembras jóvenes del clan, preñada primeriza, es motivo de reciente preocupación para el grupo. Algo no va bien. Hace días que presenta mal aspecto, con frecuentes ataques de fiebre y temblores descontrolados…       


Demos un nuevo salto en el tiempo, ahora hacia nuestra época: 68.000 aC … 4.500 aC ... 711 … 884 … 1212 … 1492 … 1713 … 1808 … 1898 … 1936 … 1968 … 1987. Stop.

Rolf Quam señala el nivel en el que apareció la mandíbula de Valdegoba
El día 26 de julio de 1987, Ana Isabel Ortega, geóloga y espeleóloga del grupo Edelweiss, mientras realizaba tareas de replanteo topográfico en la cueva de Valdegoba, dentro de los preparativos para la inminente campaña de excavaciones prevista para el mes de agosto, fue capaz de reconocer una mandíbula de aspecto arcaico, sin mentón, muy robusta, … una mandíbula neandertal.




No tenemos constancia de que -en el momento del hallazgo- sonara canción alguna en el radio-cassette de los espeleólogos, por lo que el fósil se ha quedado únicamente con el apellido de la cueva, sin añadidos pop anglosajones: la mandíbula de Valdegoba.

Durante la campaña de excavación de ese mismo año, se recuperó otro fragmento de la misma mandíbula y alguno de sus dientes, correspondientes todos a un adolescente (hembra, quizás) de unos 13-15 años de edad, de principios del Pleistoceno
Dientes de leche neandertales  (Valdegoba)
superior
.



En sucesivas campañas (efectuadas entre 1988 y 1991) aparecieron nuevos restos humanos, entre los que destacan varios dientes de leche, también neandertales, pertenecientes probablemente a un niño neonato. Quizás la cueva asistió a un drama habitual en aquellos tiempos: el fallecimiento de la madre y del recién nacido. En cuanto a restos postcraneales, se encontraron dos metatarsos y una falange, pertenecientes a un individuo inmaduro y dos adultos.
Restos postcraneales de neandertal (Valdegoba) R. Quam y otros








La antigüedad de los restos humanos fue determinada mediante el método de las series de uranio. El dato más reciente sugiere una edad de unos 70.000 años, aunque con un amplio margen en los resultados.


















Industria lítica de Valdegoba. C. Díez y otros (Zephyrus 41-42, 1988)
Junto con los restos humanos, se recuperó un importante conjunto de industria lítica, encuadrado en el Paleolítico medio. 

Solamente en la campaña de excavaciones de 1987 se recuperaron más de 1.800 piezas líticas, entre las que predomina la cuarcita y el sílex, sobre el cuarzo y la caliza. La materia prima procede principalmente de cantos rodados, plaquetas, riñones, bloques erráticos y afloramientos silíceos que se encuentran en las inmediaciones. Abundan las lascas, seguidas por las lascas retocadas, siendo irrelevantes los núcleos y cantos tallados y la materia prima sin desbastar y percutores.






También se recuperaron abundantes restos faunísticos. Entre la macrofauna, destacan: lobo, zorro, oso, hiena motetada, caballo, zebro, gato montés, lince, leopardo, rinoceronte, jabalí, ciervo, rebeco, cabra montés, bisonte y tejón.

Entre los micromamíferos: topillo, topillo nival, rata topo, ratón de campo, castor europeo, marmota alpina, musaraña, musgaño, conejo y puercoespín.

Entre la avifauna: ánade, azor, gallo lira, pato, buitre negro, cernícalo, paloma bravía, mochuelo, perdiz, codorniz, mirlo, chova piquigualda, chova piquirroja, y varias especies de paseriformes sin identificar.
 
Estos neandertales de Valdegoba eran un grupo de cazadores-recolectores que depredaban principalmente rebecos, pero también cabras, corzos, ciervos y équidos. De vez en cuando debían de vérselas con algún carnívoro peligroso (oso y leopardo, sobre todo) pero seguramente que éstos tendrían las de perder. Generalmente, carnívoros y humanos tratarían de evitarse. Tampoco harían ascos a la variedad de frutos silvestres que medran en la zona (majuelo, rosal silvestre, guillomo, zarzamora, endrino, ciruelo, manzano, etc.) y quizás también utilizaran alguno de los recursos faunísticos del Úrbel.

La abundancia de carnívoros entre los restos óseos encontrados, en particular de especies hibernantes (oso) y de aquellas que establecen cubiles en las cuevas (hienas), así como la presencia de juveniles (en leopardo, lobo, oso, hiena) induce a pensar que las ocupaciones humanas de la cueva serían de corta duración, estacionales quizás, al compás de los ritmos agrupacionales de los rebecos, que solían acontecer a finales de verano.

Carnívoros y humanos se alternarían, pues, en el uso de la cueva, aunque en momentos puntuales entrarían en conflicto. Hay pruebas de comportamiento carroñero de los carnívoros sobre animales consumidos por los humanos.

Sabemos que los neandertales ya practicaban ciertos ritos funerarios, por lo que los restos humanos encontrados pudieran corresponder con alguno de aquellos incipientes enterramientos de miembros de su clan. Aunque también es posible que algún depredador encontrara los cadáveres y los carroñeara tranquilamente en la cueva, en los lapsos de tiempo en los que aquella se veía libre del aprovechamiento humano.

Hasta la fecha, los restos de Valdegoba constituyen los únicos fósiles neandertales encontrados en Castilla y León. Aunque ya quede poco por excavar, la cueva de Valdegoba está cerrada, protegida de posibles actividades furtivas, a la espera de nuevos métodos de trabajo.




El cerramiento de la cueva, por medio de un muro de piedra, ha ocasionado que el lugar pierda gran parte de su encanto, por lo que ha dejado de ser un destino apetecible para las antaño frecuentes visitas de excursionistas locales y foráneos.



El paraje forma parte de la ruta "Sendero de las Cuevas de Valdegoba" recientemente balizada, siendo muy recomendable la visita al denominado "mirador", desde el que se contempla una espléndida vista de esta zona del Úrbel medio. Una vista muy similar a la que se contemplaba desde el -ahora menos recomendable- abrigo de la Cueva.

Puedes encontrar una descripción detallada del recorrido en el blog "Sendas de Burgos":

Sendero de las cuevas de Valdegoba 



APÉNDICE:

En los últimos años, los restos humanos encontrados en Valdegoba se han visto incluidos (junto con otros especímenes europeos) en varios trabajos de investigación realizados por equipos internacionales, y que se han plasmado en los correspondientes estudios, editados en prestigiosas revistas científicas. Las conclusiones más interesantes de alguno de los referidos trabajos han sido:

Restos de Valdegoba (2 a, b, c, d) con señales de carroñeo
- Constatar que los neandertales no eran habitualmente cazados por los grandes carnívoros que vivían en esa época en Europa (osos, leones de las cavernas, hienas, lobos, leopardos); al contrario, es muy probable que fueran los neandertales los que mataran a estos depredadores, merced a su cooperación en la caza y la utilización de armas punzantes; en ocasiones, los carnívoros accedieron a cadáveres humanos como meros carroñeros, dejando marcas de sus dientes sobre los huesos, como sucede con los restos de Valdegoba, que presentan señales de roído, punción y mordisco. (Hunted or scavenged Neanderthals?, 2017)




- Estudios realizados sobre el ADN mitocondrial de 13 individuos (incluida una nueva secuencia de los restos de Valdegoba), han servido para argumentar que la extinción de los neandertales no fue originada por la irrupción del Homo sapiens, ya que antes de la llegada del hombre moderno se encontraban en una situación límite, con escasos niveles de variación genética; todo parece indicar que los neandertales pudieron ser más sensibles a los dramáticos cambios climáticos que ocurrieron durante la última Edad del Hielo (Partial Genetic Turnover in Neandertals, 2012)


Los restos fósiles animales encontrados en Valdegoba también han formado parte de varios estudios –esta vez nacionales-  entre los que destacan:

- Estudio sobre los leopardos del Pleistoceno en la Península Ibérica (Pleistocene leopards in the Iberian Peninsula, 2015)
Huellas de descarnado en restos animales (Valdegoba)


- Estudio de las marcas de corte presentes en los restos óseos recuperados en el yacimiento, procedentes de las actividades desarrolladas por comunidades cazadoras-recolectoras neandertales (Huellas de descarnado en el Paleolítico Medio: la cueva de Valdegoba, 2006)


















OBRAS CONSULTADAS:

-DÍEZ, C. (1991): “La grotte de Valdegoba (Huérmeces, Burgos, Espagne). Un gisement du Paléolithique Moyen avec des restes humaines”. L’Anthropologie (Paris) 95: 329-330.
-DÍEZ, C.; GARCÍA, M. A.; GIL, E.; JORDÁ, J. F.; ORTEGA, A. I.; SÁNCHEZ, A. Y SÁNCHEZ, B. (1988–1989): “La Cueva de Valdegoba (Burgos). Primera campaña de excavaciones”. Zephyrus, 41–42: 55–74.
-DÍEZ, C.; JORDÁ, J. F. Y SÁNCHEZ, B. (1988): “La cueva de Valdegoba (Huérmeces, Burgos): estratigrafía, industria lítica y fauna”. II Congreso Geológico de España 1: 379–382. Granada.
-DÍEZ, C. y NAVAZO, M. (2005): “Apuntes sociales y geográficos a partir de los yacimientos del Paleolítico Medio en la zona nororiental de la Meseta castellano leonesa”. Museo de Altamira. Monografías, 20: 39-54.
-DÍEZ, C. (2006) “Huellas de descarnado en el Paleolítico Medio: la cueva de Valdegoba (Burgos)”. Miscelánea en homenaje a Victoria Cabrera. Zona Arqueológica, 7. Vol  I: (304-317)
-QUAM, R.; ARSUAGA, J.L.; BERMÚDEZ DE CASTRO, J.M.; DÍEZ, C.; LORENZO, L.; CARRETERO, J.M.; GARCÍA, N. Y ORTEGA, A.I. (2001): “Human remains from Valdegoba Cave (Huérmeces, Burgos, Spain)”. Journal of Human Evolution, 41: 385–435.
-DALEN, L.; ORLANDO, L.; SHAPIRO, B.;DURLING, M.B.; QUAM, R.; GILBERT, M.T.P.; DÍEZ FERNÁNDEZ-LOMANA, J.C.; WILLERSLEV, E.; ARSUAGA, J.L.; GOTHERSTROM, A. (2012): “Partial genetic turnover in neandertals: continuity in the east and population replacement in the west”. Molecular Biology and Evolution. 29 (8): 1893-1897
-CAMARÓS, E., CUETO, M., ROSELL, J., DÍEZ, J. C., BLASCO, R., DUHIG, C., DARLAS, A., HARVATI, K, JORDÁ, J., MONTES, L., RIVALS, F. & VILLAVERDE, V. (2017). Hunted or scavenged Neanderthals? Taphonomic approach to hominin fossils with carnivore damage. International Journal of Osteoarchaeology.
-SANCHIS, A., TORMO, C., SAUQUÉ, V., SANCHIS, V., DÍAZ, R., RIBERA, A., VILLAVERDE, V. (2015). “Pleistocene leopards in the Iberian Peninsula: New evidence from paleontological and archaeological contexts in the Mediterranean region.”. Quaternary Science Reviews 124 (2015) 175-208.
-ORTEGA MARTÍNEZ, Ana Isabel (2001). "Los neandertales de la cueva de Valdegoba". Grupo Espeleológico Edelweiss (50 Aniversario1951-2001), Boletín nº3 - Junio 2001

miércoles, 14 de junio de 2017

Pinares de repoblación en Huérmeces y alrededores




En 1940, apenas finalizada la Guerra Civil, el recién reinventado Patrimonio Forestal del Estado puso en marcha el ambicioso Plan General de Repoblación Forestal de España, ideado tan solo un año antes por las autoridades forestales franquistas, y que preveía la repoblación de casi 6 millones de hectáreas (dos veces la superficie total de Galicia) durante los próximos cien años.

El objetivo principal de dicha vorágine repobladora era asegurar el necesario abastecimiento de madera para el destrozado país. Iba dirigido, principalmente, a la alimentación de las industrias maderera y papelera (acababa de crearse la empresa nacional SNIACE). Como objetivo secundario, se perseguía proteger de la erosión las cabeceras hidrologicas más expuestas. Y también absorber parte de los elevados índices de paro campesino existentes en algunas zonas del país.

Durante los 32 primeros años de desarrollo del Plan (1940-1972) se repoblaron 2,7 millones de hectáreas, lo que suponía alcanzar casi la mitad del centenario objetivo en solo el primer tercio de recorrido. Éxito total en cantidad, que otra cosa fue la calidad de las repoblaciones efectuadas. Casi la totalidad lo fueron a base de pino y eucalipto, prestando muy poca atención a las especies frondosas, que sufrieron un retroceso evidente durante el mismo lapso de tiempo.

Las plantaciones se realizaron en base a unos "consorcios" establecidos entre la autoridad forestal y los diferentes ayuntamientos de la época. En dichos consorcios se establecía que los ingresos derivados de futuros aprovechamientos de madera (a cien años vista, en algunos casos) se repartirían entre el repoblador (el Estado, dos tercios) y el propietario (el ayuntamiento o junta vecinal, un tercio).

En muchas zonas no especialmente productivas -como la nuestra- las plantaciones que han llegado a nuestros días, sin haber recibido apenas tareas de mantenimiento, no parece que vayan a generar ingresos de importancia en un futuro cercano. A no ser que se acabe por establecer la siempre problemática figura del "acotado de setas", como ha sucedido en algunos municipios de clara vocación forestal y micológica. 

Quien les iba a decir a los insignes ingenieros diseñadores de aquel Plan de Reforestación que, con el paso de las décadas, bien avanzado el siglo XXI, el único aprovechamiento generado por sus queridos pinares sería el derivado de la recogida de sus hongos, níscalos sobre todo. 





Tal y como sucedió en muchos otros pueblos de La Comarca, a finales de los años cincuenta del siglo pasado llegaron a Huérmeces varias cuadrillas de pineros, como eran denominados los plantadores de pinos. Procedían tanto de pueblos de los alrededores como de lugares mucho más lejanos, especialmente del Sur. En algunos casos, incluso se desplazaron con sus familias, viviendo temporalmente en algunas casas del pueblo, puestas a su disposición mientras duraron las varias temporadas de plantación que se sucedieron durante aquellos años.

Era relativamente habitual que también los chavales del pueblo realizaran labores de plantación, ya que durante los otoños los quehaceres de los labradores disminuían considerablemente. Más que una ayuda importante para la economía familiar, se trataba de ganar unos duros para gastos propios.

El trabajo era muy duro. Las plantaciones se realizaban en páramos y lugares muy expuestos al viento, a la lluvia y al frío de los otoños castellanos. El ahoyado se realizaba a mano, con un simple azadón, y el salario se cobraba por cada pino plantado.

Las especies de pino utilizadas en estas plantaciones fueron Pinus nigra (pino laricio) y Pinus sylvestris (pino albar).



En Huérmeces, tres fueron los parajes en los que se efectuaron plantaciones en aquellos años:

1. Valmares: en este vallejo situado en el límite con el término de Montorio, se plantaron unas 26 hectáreas de pinar; su aspecto es hoy muy desigual, relativamente denso en las tierras de fondo del valle y bastante ralo en las laderas de la porción superior del vallejo.

Pinar de Valmares; a la derecha, carretera vieja de Aguilar, a la altura de Los Navatillos

Pinar de Valmares; a la derecha, el vallejo de Buzón y parte de su chopera
  

2. Navas: en este paraje limítrofe con el término de Castrillo, en una pequeña loma no apta para el cultivo agrícola, se plantaron unas 47 hectáreas de pinar, hoy poco denso, por la relativa pobreza de los suelos del paraje.

A la derecha, parte del pinar de Navas; a la izquierda Monte las Eras; vista desde Castrillo
 

3. El Páramo: en terrenos limítrofes con Ros, se plantó un alargado y estrecho pinar, formado por tres manchas, que ocupan en total unas 16 hectáreas, hoy atravesadas por la pista de servicio del parque eólico del Páramo. El aspecto general de este pinar es denso y homogéneo.  

Pinares del Páramo, desde la carretera de Huérmeces a Santibáñez
 
Pinar del Páramo desde el trifinio Ros-Huérmeces-Santibáñez


 
En los pueblos del entorno también se efectuaron plantaciones en aquellos años, o en fechas algo posteriores; los pinares adultos existentes en la actualidad son los siguientes:


Ruyales del Páramo: existen cinco parcelas de pinar, establecidas alrededor de la cabecera del río homónimo (de W a E): Las Hoyas, Valdefrailes, Las Mayas, La Cotorra y Valdaña. Se trata de pinares de casi 60 años de edad, plantados en 1958.

Se aprecian cuatro de los cinco pinares de Ruyales: Valdefrailes, Las Mayas, La Cotorra y Valdaña




Pinar de Valdaña (Ruyales) visto desde La Lastra (San Pantaleón del Páramo)



Quintanilla Pedro Abarca: destaca el gran pinar de Valdechondo, en las cercanías de la ermita de Robledillo, y que continúa por el término de Acedillo.

Pinar de Valdechondo (Quintanilla Pedro Abarca) y su continuación en Puerta (Acedillo)


San Pantaleón del Páramo: dos pequeñas parcelas, una en Valcavado-Peña Nariz, en el límite con Montorio, y otra en Sorredondo, cerca del límite con La Nuez de Arriba.

Pinar en la zona alta de Valcavado, al pie de Peña Nariz


Acedillo: en el paraje de Puerta existe una enorme parcela de pinar, contigua a la perteneciente al término de Quintanilla Pedro Abarca.

Bustillo del Páramo: en el término de este pueblo existen dos importante manchas de pinar: Las Ñavas y La Serna-El Corral.

En el centro, pinar de Las Hoyas (Ruyales) y al fondo, a la izquierda, pinar de Las Ñavas (Bustillo); más al fondo, antena de Coculina y parque eólico de El Perul (Acedillo)

Hormazuela: sus dos pinares ocupan una amplia parcela en el Páramo Vega, limítrofe con Brullés, y otra en El Cuadrón, limótrofe con Las Hormazas 

Las Hormazas: aquí encontramos uno de los pinares más extensos de la zona, San Bartolomé, que ocupa unas 103 hectáreas de alargada (3 km) y estrecha (300-350 m) parcela; otras manchas de pinar existen en Valmayor, La Loma-Carrespinosa, y Los Rebollos-Lentejares.

Pinar de San Bartolomé, desde el páramo de Susinos

Pinar de San Bartolomé atravesado por el camino de Burgos, a la altura del Altillo (Las Hormazas)


Úrbel del Castillo: un pequeño pinar en la parte baja de El Embid, y otro en La Tabla, en la ladera oriental de La Mesa.

Coculina: una estrecha franja en la ladera suroeste de La Mesa, en un paraje denominado El Colmenarón; y cinco manchas alrededor del paraje denominado El Hoyuelo.

Pinar de El Colmenarón; al fondo, a la derecha, El Cuerno de La Mesa; más al fondo, La Ulaña

El Colmenarón, en la ladera de La Mesa
 

Montorio: una pequeña parcela en el paraje Lomas de Fresnos-La Pedraja, vecina del enorme pinar existente en el término de Quintanilla Sobresierra.

Quintanilla Sobresierra: en el término de este pueblo encontramos los pinares más extensos de La Comarca: Carremontorio-La Loma (270 ha) y Valdemiguel-Loma Quintanilla (170 ha); además, las plantaciones han sido continuadas en el tiempo, ya que la fábrica de explosivos ubicada en el término ha promovido, en terrenos de su propiedad, reforestaciones y subsiguientes “experiencias” en fertirrigación y recuperación de cubiertas vegetales.

Al fondo, Pinar de Carremontorio (Quintanilla Sobresierra); en primer término, plantaciones más recientes

Pinar de Valdemiguel, dentro de los terrenos pertenecientes a la fábrica de explosivos





Castrillo de Rucios: pinar en el paraje Valle Sedón, enfrente de Becerril, aparentemente más joven que sus vecinos de Huérmeces y Quintanilla Sobresierra.

Pinar de Castrillo, desde Becerril


Ubierna: dos pequeñas manchas de pinar, en Valdevacas y Valdeperal. La primera de ellas, muy cerca del límite con el término de Huérmeces y de la pequeña laguna allí existente.

Pinar de Valdevacas (Ubierna)


En la tabla siguiente se resumen los datos de las principales manchas de pinar adulto en Huérmeces y alrededores (tanto la determinación del paraje como su superficie son aproximados): 



Término
ha
Pinar-Paraje
ha
Huérmeces
89
Valmares
26
Navas
47
Páramo
16
Ruyales del Páramo
62
Las Hoyas
11
Valdefrailes
8
Las Mayas
22
La Cotorra
12
Valdaña
9
San Pantaleón del Páramo
10
Sorredondo
5
Valcavado-Peña Nariz
5
Quintanilla Pedro Abarca
32
Valdechondo
32
Acedillo
58
Puerta
58
Coculina
31
El Colmenarón
11
El Hoyuelo
20
Hormazuela
53
Páramo Vega
30
El Cuadrón
23
Bustillo del Páramo
80
Las Ñavas
30
La Serna-El Corral
50
Las Hormazas
164
Los Rebollos-Lentejares
12
Ahorcaperros
6
La Loma-Carrespinosa
30
Valmayor
13
San Bartolomé
103
Úrbel del Castillo
38
El Embid
2
La Tabla
36
Montorio
15
Lomas de Fresnos-La Pedraja
15
Quintanilla Sobresierra
437
Carremontorio-La Loma
267
Loma Quintanilla-Valdemiguel
170
Castrillo de Rucios
16
Valle Sedón
16
Ubierna
25
Valdevacas
8
Valdeperal
17
(ha: superficie de pinar en hectáreas)




Vistas las ubicaciones de estos pinares, cabe afirmar que pueblo pinero, pueblo molinero. En el sentido de que allí donde hay pinos, hay molinos … eólicos. Lo cual tiene su lógica: Tanto unos como otros no ocupan sino terrenos esteparios, altiplanos no aptos para la agricultura, barridos por los cuatro vientos: aquellos que entonces solían denominarse pastizales o eriales, adecuados solo para una ganadería extensiva ya en claro proceso de desaparición.

A partir del año 1972, fue el ICONA el organismo encargado de la repoblación, aunque el maquillaje en el nombre no trajo consigo ningún cambio en las pautas: las plantaciones continuaron basándose en pino y eucalipto, y con el añadido del polémico aterrazamiento de los terrenos.

Desde 1986, a raíz de la entrada de España en la Unión Europea, y con las competencias en materia forestal ya transferidas a las Comunidades Autónomas (1984), se asistió a un cierto repunte en las prácticas repobladoras, al calor de las ayudas europeas. Se prestó más atención a las especies frondosas, pero los objetivos alcanzados fueron muy modestos.

Daños causados por procesionaria (Quintanilla Sobresierra)
En La Comarca, se vivió una nueva fiebre repobladora durante los primeros años del siglo XXI (especialmente 2005-2007), aunque en esta ocasión las plantaciones poco tienen que ver con las que se realizaron en los años cincuenta y sesenta. Mínima mano de obra por el uso de potente maquinaria subsoladora y plantación mecanizada; amplias pistas de acceso, cerramiento de parcelas, etc. Y, por supuesto, erre que erre: pinos.

Pinos que en los últimos años –al calor de inviernos cada vez más suaves- han sufrido los consiguientes y reiterados ataques de la oruga procesionaria.

En Huérmeces, estas modernas plantaciones han sido perpetradas en Isilla, Buzón, Los Casares, laderas del Páramo, La Lastra … hasta en la emblemática Coronilla. En los pueblos del entorno, en incontables lugares.

Se han destrozado ecosistemas esteparios a costa de plantar una especie de dudosa viabilidad –no ya económica, sino meramente biológica- en el contexto actual de cambio climático. Al incremento de problemas fitosanitarios habrá que añadir el del riesgo de incendios, según vaya incrementándose la masa forestal de los pinares, claramente propensa al fuego, en veranos cada vez más cálidos y secos, con los accesos a las masas boscosas facilitados por multitud de pistas y caminos...