sábado, 29 de julio de 2017

La nueva plaza y el origen de los sanlorenzos (1977)



Desde hacía muchos años, las fiestas patronales de Huérmeces se venían celebrabando el día 24 de junio, San Juan. Quizás desde que a finales del siglo XV o principios del XVI, la iglesia del entonces barrio principal de Huérmeces se consagrara a dicho patrón, a diferencia de la iglesia del barrio de La Parte, consagrada a Santa María (La Blanca) y mucho más antigua.

Durante gran parte del siglo XX, la celebración de San Lorenzo (10 de agosto) no dejaba de ser una fiesta menor, ya que se encontraba muy mal situada en el calendario agrícola, en plena temporada alta con respecto a las labores de siega, acarreo, trilla y bielda. Lo mismo sucedía con la tercera fiesta local, Santa Brígida (1 de febrero), aunque en este caso era el rigor del invierno castellano el causante de su limitada celebración.


La plaza y su pilón, a mediados de los 60 (foto: calendario Ayto. Hces. 2014)
Pero las cosas comenzaron a cambiar a mediados de los años setenta del siglo pasado. Huérmeces, al igual que el resto de los pueblos del entorno, había sufrido en las dos últimas décadas un drástico descenso poblacional, un auténtico éxodo. En veinte años, su censo se había reducido a la mitad, y continuaba descendiendo año a año.

La plaza, a mediados de los 60 (foto: calendario Ayto. Hces. 2014)
La celebración de San Juan, a no ser que cayera en fin de semana, ya no atraía a las gentes del entorno, y los emigrados no tenían apenas la posibilidad de retornar al pueblo únicamente por un día. Para más desdicha sanjuanera, los chavales aún no habían finalizado el colegio por aquellas fechas.

Por otra parte, la mecanización de las labores agrícolas había ocasionado que se acortara sensiblemente el período de siega, concentrándose en unas pocas semanas. El agricultor se podía permitir un leve receso en sus labores.

Todo se estaba conjurando a favor de que el santo agostero (San Lorenzo) acabara por imponerse al solsticial (San Juan), por lo menos en cuanto a éxito de concurrencia. Y ese cambio se fraguó, oficiosamente, en el verano de 1977.

Traída del agua (Huérmeces, 1973) Fotografía: familia Díez Gutiérrez

Desde que en 1973 se iniciara la traída del agua, Huérmeces venía acometiendo diversas obras de mejora en las infraestructuras del pueblo: pavimentación de las calles, alumbrado público, saneamiento  y -durante el mes de julio de aquel año 1977- la pavimentación y embellecimiento de la plaza, hasta entonces un mero espacio vacío, al lado de la carretera, rodeando al viejo pilón que recogía el agua sobrante de la fuente del barrio Arroyuelo.

Además del embaldosado de la plaza, también se levantó una moderna fuente en el centro de la misma. (1) Hoy en día resulta más que discutible el efecto estético conseguido, pero en aquellos tiempos este tipo de actuaciones gozaban de cierta popularidad. La plaza quedó como quedó, diáfana y -ya sin ganados que abrevar- más limpia y saneada.

No resultó muy atinada la elección del árbol que sombrearía su contorno. La especie elegida, el aligustre, (2) es un arbolito de origen chino, hoja perenne, crecimiento lento –exasperadamente lento- y floración estival (de hecho, esta es su única virtud destacable). La sombra que proyecta su copa resulta claramente insuficiente en verano y totalmente improcedente en invierno.

De todas formas, muy satisfecho quedó todo el mundo con el resultado obtenido, ya que al año siguiente Huérmeces presentó su candidatura al XVI Concurso Provincial de Embellecimiento de los Pueblos (3), establecido por la Diputación Provincial. No ganó, aunque presentó una notoria lista de méritos.

Plaza de Huérmeces (1984) Fotografía: familia Díez Gutiérrez


Las obras de pavimentación de la plaza fueron adjudicadas a un contratista de la provincia, (4) pero la actuación contó con la peculiaridad de que una parte de la mano de obra –no especializada- necesaria para su realización estuvo compuesta por vecinos y veraneantes del pueblo. Quizás se trató de un intento económico por acelerar las obras, posibilitando que estas estuvieran acabadas antes de la llegada del mes de agosto y el grueso de veraneantes.

Pavimentación de la plaza (Julio 1977) Fotografía: Maribel de Miguel
Para alguno de nosotros, ese mini servicio civil constituyó el primer contacto con el apasionante mundo del fraguado mágico de la mezcla cemento, arena y agua. Además, siempre quedará el romántico pensamiento de que en cada baldosa colocada en la plaza, en cada bordillo, en cada metro de murete de hormigón ... hay un poco de cada uno de nosotros … tal vez unas cuantas gotas de sudor que ayudaron a fraguar aquella milagrosa masa.

En las fotografías, tomadas un día cualquiera del mes de julio de 1977, pueden reconocerse vecinos tales como Emilio Crespo, Narciso Varona y Félix Ortega, junto con diversos veraneantes.

Pavimentación de la plaza (Julio 1977)
Y una vez finalizada la pavimentación de la plaza, con el horizonte del próximo San Juan muy lejano, a alguien se le ocurrió la idea de que quizás un poco de música resultaría la mejor forma de inagurar, siquiera popularmente, el nuevo espacio lúdico. 





Me vienen a la memoria los nombres de Miguel Angel y Gerardo, como posibles instigadores de lo que quiera que aquello fuera: iniciativa, arrebato, ocurrencia, hecho fundacional…  

Un viejo tocadiscos pick-up sesentero, colocado en equilibrio inestable sobre uno de los verdes bancos metálicos (de la Caja del Círculo) situados en la recién inagurada plaza: esa fue la sopa primigenia de la que en años sucesivos surgirían los sanlorenzos de Huérmeces, ya con patrocinio municipal, cartel de las fiestas, orquesta de pago y sangría comunitaria. 

Sonaron canciones (5) apenas audibles a no ser que estuvieras a menos de dos metros del tocata, quizás adolescentes y adultos movieron sus cuerpos al compás de aquella vinílica música, quizás corrió el calimocho, quizás las nuevas baldosas recibieron su bautismo etílico, quizás …    

Es probable que circulen por ahí versiones diferentes acerca del verdadero origen de los sanlorenzos; es probable, incluso, que sitúen ese acto primigenio en años posteriores.

Lo importante, aparte de los recuerdos personales que cada uno tenga, es que San Lorenzo llegó para quedarse, beneficiado por los cambios demográficos, sociales y económicos experimentados en el mundo rural. Ya nada volvería a ser igual. Adiós a los castos bailes en la era del tío Eladio, bienvenidos a los watios y decibelios en la nueva plaza. 

Hoy, justo cuarenta años después, el santo de la parrilla ha desplazado definitivamente al del agua bendita. Esperemos que esta no sea una metáfora más del cambio climático que amenaza nuestro futuro...




NOTAS:

(1) La fuente de la plaza de Huérmeces fue diseñada por el arquitecto Álvaro Díaz Moreno (Madrid, 1927); está realizada en piedra de Hontoria, y su forma ovalada mide 5,3 metros de largo por 4 metros de ancho; dispone de reflectores luminosos y motor; su presupuesto ascendió a 387.000 pesetas de 1977; la obra fue ejecutada por el contratista burgalés Julián Sagredo.

(2) Aligustre japonés (Ligustrum japonicum): por razones que se me escapan, su plantación se hizo muy popular en plazas y espacios públicos de la España de los setenta. Décadas después, pocos sobreviven, sustituidos por especies mucho más adecuadas para climas tan extremos como el nuestro (plátanos de sombra, arces, tilos...); en la plaza de Huérmeces se plantaron nueve ejemplares de aligustre japonés, de una altura aproximada de dos metros y medio cada uno, y copa en forma de bola; en la alargada isleta situada al otro lado de la carretera se plantaron rosales bajos.

(3) A la XVI convocatoria  (1978) del entonces denominado Concurso Provincial de Embellecimiento (hoy Concurso de Conservación del Patrimonio Urbano Rural) presentó el Ayuntamiento de Huérmeces los siguientes méritos:

-alumbrado público: obras valoradas en 180.000 pesetas
-alcantarillado y depuradora: 2.500.000 pesetas
-pavimentación de calles: 7.000.000 pesetas
-mejoras en la plaza (pavimentación, fuente, valla decorativa, murete, ajardinamiento, etc.): 3.240.000 pesetas
-total: 13.000.000 pesetas

El Primer Premio estaba dotado con 1 millón de pesetas; el segundo con medio millón y el tercero con 300.000 pesetas. También se otorgaban toda una serie de premios de consolación.
Hoy en día, el concurso está dividido en categorías de población; en la categoría B, para entidades locales con población comprendida entre 50 y 199 habitantes, los premios son de 9.000 € para el primero, 6.000 € para el segundo y 3.000 € para el tercero.

(4) El presupuesto para la obra "Pavimentación de la plaza mayor de Huérmeces" ascendió a la cantidad de 700.100 pesetas; se presentó y aprobó en junio de 1977 y fue adjudicado a Construcciones Peña; sus 690 metros cuadrados de superficie se pavimentaron a base de baldosa 30x30.

Todas las obras anteriormente mencionadas se ejecutaron siendo alcalde de Huérmeces Avelino Bárcena Villalvilla, que ocupó el cargo entre 1975 y 1979. En 1978 se produjo la fusión de Huérmeces con el entonces municipio de Quintanilla Pedro Abarca, formado por este pueblo, Ruyales y San Pantaleón del Páramo.

(5) Algunos Grandes Éxitos de 1977 que quizás pudieron escucharse en aquella jornada iniciática del 10 de agosto: Abba (Dancing Queen), Al Steward (The Year of the Cat), Jean Michel Jarre (Oxygene), Boney M (Daddy Cool, Belfast), Eagles (Hotel California), Chicago (If You Leave Me Now), Manhattan Transfer (Cuéntame), Ritchie Family (The Best Disco in Town), Bee Gees (Stayin’ Alive)…


miércoles, 19 de julio de 2017

El río Lucio: de La Riba a Villallano




La lora de Valdelucio constituye una de las encrucijadas hidrológicas más interesantes de la provincia de Burgos. De sus laderas parten cursos fluviales cuyas aguas mueren en el Atlántico o en el Mediterráneo.

La divisoria Duero-Ebro se dibuja en la ladera norte de la lora de Valdelucio, pasando a escasos 300 metros al Este de la población de Solanas de Valdelucio. Allí nace el arroyo de las Solanas, que más tarde, siguiendo un curso Este–Oeste, se convierte en el río Lucio, tributario del Camesa y del Pisuerga, dentro de la cuenca del Duero; y allí también se origina el arroyo de San Juan que, siguiendo un curso Oeste-Este, desemboca en el río Valtierra, que se convierte en el Hurón al sumirse en la cueva de Basconcillos, surgiendo después como Rudrón, afluente del Ebro. 

En la ladera sur de la lora de Valdelucio surgen varios ríos atlánticos: Monegro, Sauquillo, Riofresno y Odra, afluentes del Pisuerga; y el río Talamillo, afluente del Urbel y, por lo tanto, del Arlanzón.

Primeros pasos del Lucio tras el Molino del Diablo
Arroyo de Solanas de Valdelucio
El Lucio es un pequeño curso fluvial, que en sus 20 km de longitud salva un también pequeño desnivel de apenas 120 metros. Nace en el Molino del Diablo, potente manantial situado en las inmediaciones de Barrio Lucio (1000 m), y desemboca en el Camesa a la altura de Villallano (880 m), casi a los pies de la lora de Las Tuerces. Su caudal es humilde y apenas tiene arroyos tributarios de importancia (excepto el río Rupión, que drena la lora de Valdivia y Monte Bernorio).

Arroyo de Fuentilloso, drena la porción Este de la lora de Valdelucio 



Aparte de este manantial, forman parte de la cabecera del río Lucio tanto el Arroyo de las Solanas (casi 3 km de cauce, desde el pueblo homónimo) como el Arroyo de Fuentilloso (en unos 4 km recorre la vertiente oriental del Vallejo de la lora de Valdelucio). Este último suele bajar seco gran parte del año, pero el de las Solanas tiene varias fuentes que lo alimentan durante todo el año (Cuevas, Busto) o solo en época de grandes lluvias y deshielos (Chorramea)







  
Además de su humilde recorrido y escaso caudal, el río Lucio tiene una serie de características que le diferencian claramente de otros ríos del entorno:


-Su curso predominante es Sur-Norte (en concreto SE-NW), en contra de lo que sucede con sus vecinos Camesa, Pisuerga, Odra y Talamillo-Úrbel, todos de recorrido aproximado Norte-Sur.

-Su tramo encajonado entre masas calizas se dispone en el último tercio de su recorrido, no en el tramo inicial o medio como sucede con sus vecinos: Úrbel, Odra y Pisuerga.
 
-Su trazado ha sido muy modificado por las labores de concentración parcelaria, eliminándose meandros y dibujándose un trazado bastante rectilíneo en gran parte de su recorrido. Si comparamos ortofotos actuales con las realizadas en el "vuelo americano" de 1956, observaremos que el trazado actual del río tiene poco que ver con el que existía en los tiempos anteriores a la concentración parcelaria.


Vuelo americano (26 de julio de 1956)

Ortofoto de Bing Maps (Julio 2010): el curso del Lucio aparece muy modificado en el tramo entre Fuencaliente y Puentetoma: se ha hecho más recto y se ha alejado del caserío de este último



Paso improvisado: poste de hormigón, entre Villallano y Renedo
-A pesar de su escaso caudal y escueta anchura, su cauce es relativamente profundo y difícil de cruzar, ni siquiera peatonalmente, por lo que abundan todo tipo de pasarelas, realizadas tanto por entidades públicas como tendidas por usuarios privados (ganaderos). Postes de hormigón, troncos de árbol, planchas metálicas, todo sirve para hacer posible el cruce peatonal del humilde Lucio.

-En el tramo que recorre el valle burgalés de Valdelucio proliferan las balsas de riego, que restan caudal durante el invierno pero lo respetan durante el verano.

-El Lucio es un río patatero, en el estricto sentido agrológico del término, en contra del carácter marcadamente cerealista del resto de ríos del entorno.

-Excepto en su desembocadura en el Camesa (y dos pequeñas manchas en las proximidades de Renedo de la Escalera y Quintanas), no existen apenas choperas de importancia que aprovechen su curso



Molino de Quintanas de Valdelucio



A pesar de su corto recorrido, hasta 11 molinos harineros se aprovechaban de las aguas del río Lucio en tiempos del Catastro de Ensenada (1752). Debido a la relativa potencia de su manantial de cabecera, los primeros molinos del cauce se establecían a los pocos metros del nacimiento del río, en Barrio Lucio y La Riba. En tiempos del Diccionario de Madoz (1850) únicamente se habla de 3 molinos, algo que a todas luces suena a ocultamiento fiscal, más que a un repentino declive de la industria harinera del Lucio. En la actualidad, únicamente tres molinos permanecen en pie, aunque uno de ellos se encuentra en estado de ruina inminente.



Localidades por
Molinos en el río
Puentes y pasos sobre el río
las que discurre
1752
1850
2017
Vados
Pie-
Hor-
Pasa-
el río Lucio
Ensen.
Madoz
en pie
ruina

dra
migón
relas
Barrio Lucio






1

La Riba
3
1
1



2

Escuderos
1



2

1
1
Quintanas
1
1
1



1

Renedo de la Escalera
1





1

Fuencaliente de Lucio
1

1

1


1
Puentetoma
1



1
1
1
1
Rebolledo de la Inera
0






1
Gama
1







Renedo de la Inera
1



1


1
Villallano
1
3


1
1
2

Total ruta río Lucio
11
5
3
0
6
2
9
5




Puente viejo de Puentetoma
En cuanto a pasos sobre el río, únicamente han llegado hasta nosotros dos puentes de piedra, de supuesto origen romano. Por ninguno de los dos pasa ya el río, debido a las modificaciones realizadas en su cauce. Unos de ellos ha recibido cuidados y presenta un buen aspecto; el otro, permanece a duras penas, pero ya oculto por la maleza.

Nueve puentes de hormigón, casi todos ellos relativamente recientes, sirven para que crucen el río las carreteras y caminos más importantes.

En cuanto a pasarelas peatonales, cinco son las que sirven para que personas (y ganado en episodios de grandes avenidas) crucen el río sin mojarse. Las tres existentes en las poblaciones palentinas de Puentetoma, Rebolledo y Renedo de la Inera son idénticas en apariencia, por lo que suponemos que fueron desplegadas en fechas similares, quizás en los años 70 del siglo pasado. La de Rebolledo no está en uso, por carecer de tablero; la de Fuencaliente apenas levanta sobre el lecho del río, por lo que únicamente es utilizada en situaciones de escaso caudal.  

Se puede realizar una interesante excursión en bici desde Barrio Lucio a Villallano, siguiendo el discurrir del río, por caminos y carreteras de escaso tráfico y trazado más o menos paralelo al curso del Lucio. Salvo en el tramo de río existente entre los pueblos de Rebolledo y Renedo de la Inera (unos 2,5 km serpenteantes y encajonados), todos los caminos son de buen firme y escasísima pendiente, lo que suaviza sobremanera la excursión ciclista propuesta.

En el tramo aludido, la única dificultad consiste en seguir el desdibujado camino que recorre la sucesión de praderías situadas en la margen izquierda del río, lo que puede revestir alguna dificultad únicamente en épocas de fuertes lluvias o deshielos. El tramo puede obviarse siguiendo el camino-carretera que comunica los pueblos de Rebolledo y Renedo, que discurre al norte de los afloramientos calizos entre los que se encajona el Lucio.



Hitos hidrológicos del río Lucio

altitud (m)
km
(parc.)
km
(total)
Surgencia del Molino del Diablo
990
0,0
0,0
Puente de Barrio Lucio
955
0,4
0,4
Molino y puente de La Riba
950
0,6
1,0
Vado de Collarillos
949
0,9
1,9
Puente de Escuderos
936
0,9
2,8
Vado de Escuderos
935
0,4
3,2
Puente de Quintanas
925
1,7
4,9
Puente de Renedo de la Escalera
915
2,3
7,2
Vado del Arenal (Fuencaliente)
918
1,5
8,7
Puente de la carretera de Puentetoma
908
1,4
10,1
Vado y pasarela de Puentetoma
907
0,6
10,7
Pasarela de Ruipiedras
901
2,8
13,5
Vado y pasarela de La Robliza (Renedo de La Inera)
895
2,3
15,8
Puente de Villallano (Este)
889
2,4
18,2
Puente de Villallano (Oeste)
888
0,5
18,7
Desembocadura en el Camesa (La Arroyada)
886
0,8
19,5


Km 0,0: Surgencia del Molino del Diablo

El nacimiento del río Lucio, tras un invierno escaso en nieves

El nacimiento oficial del Lucio se localiza en un hermoso paraje, El Molino del Diablo, situado justo encima de la pequeña población de Barrio Lucio.

Por una grieta, abierta en la parte inferior de un farallón calizo, surge un buen chorro de agua, más o menos potente en función de la época del año.

Una pequeña caseta de ladrillo, levantada en su día para algún tipo de captación, constituye el único elemento discordante.

Una pequeña pradera rodea el incipiente riachuelo, sombreado únicamente por algún que otro fresno. 










km 0,4: Puente de Barrio Lucio

Curiosa fuente artesanal en Barrio Lucio, obra de Francisco
En estos primeros 400 metros, el joven Lucio realiza el mayor salto de todo su recorrido, salvando un desnivel de 35 metros. A partir de aquí, su curso será pausado, sin sobresalto alguno. 

Barrio Lucio es una pequeña población, rica en agua, que se extiende a los piés de la porción oriental de la lora de Valdelucio, justo por donde penetra la carretera que comunica Valdelucio con Humada, en las cabeceras del Lucio y del Odra, respectivamente.

Su pequeña y arruinada iglesia de San Román (portada datada en 1727) merecería haber corrido mejor suerte.

El Lucio atraviesa el primer puente de su recorrido con un caudal respetable, agua cristalina, recién surgida del interior de la lora. 










km 1,0: Molino y puente de La Riba

En sus buenos tiempos, entre La Riba y Barrio Lucio existían tres molinos harineros. Este de La Riba es hoy uno de los tres que quedan en pie en todo el curso del Lucio. Su cauce sigue activo, y el molino se encuentra habitado en la actualidad. 


Después del puente del molino, el río se encamina hacia La Carrera, una amplia vega de regadío, que se extiende entre La Riba y Escuderos. Ya en esta zona del Alto Lucio, el cauce del río se encuentra muy modificado por la acción del hombre: su curso es artificialmente rectilíneo y su profundidad, considerable, para tratarse de la cabecera de cuenca.

La Riba de Valdelucio, desde el camino entre el molino y el paso de Collarillos
 
km 1,9: Vado de Collarillos

Collarillos es un paso entre las pequeñas crestas calizas que afloran entre Corralejo y Quintanas, y que delimitan por el norte el curso del joven Lucio. El paso ha sido abierto por un pequeño arroyo que procede de El Berrón, en el término de Corralejo. Al otro lado del paso, destaca la enorme balsa de Poyadal, la mayor de Valdelucio, que ocupa 6 hectáreas de terreno.




El paraje es rico en agua y, además del Lucio, lo surcan el arroyo aludido y una fuente que nace en su porción occidental. Un vado y una pasarela peatonal salvan el río.






km 2,8: Puente de Escuderos

En lugar de cruzar el río por el vado, tomamos el camino que discurre, pegado a la ladera sur de los afloramientos calizos, hasta el cruce de San Pelayo. La vega de Fuentepalillos, también de regadío, se extiende hacia Escuderos.



El camino se dirige ahora hacia el pueblo, atravesando el río por un moderno puente de hormigón. 

Escuderos de Valdelucio, desde el puente del camino que comunica el pueblo y San Pelayo




km 3,2: Vado de Escuderos

El camino ahora discurre por la margen izquierda del río, sin adentrarse en Escuderos. Poco después de éste, un vado cruza de nuevo el río, en dirección al Tasugo.

El camino de Escuderos a El Tasugo atraviesa el Lucio por un vado


Nosotros continuamos por la margen izquierda, atravesando las vegas de Los Juncales, Prado Ortuño y La Cabrilla, dejando también a la izquierda a Quintanas de Valdelucio, capital del municipio.

El mismo vado, en dirección sur, hacia Escuderos






km 4,9: Puente de Quintanas


Por el camino de La Cabrilla alcanzamos la carretera de acceso a Quintanas desde la N-627. 

Al poco, un edificio sobre el que se cierne la ruina: el molino de Quintanas; su cauce seco, también ha desaparecido en parte.


Medio escondidos en la maleza, aún pueden contemplarse sus dos cárcavos, en los que hasta no hace demasiado tiempo giraban los rodeznos.

Poco después del molino, un moderno puente de hormigón da servicio a la carretera de Quintanas.

A partir del puente, tenemos dos opciones: por la margen derecha del Lucio, un moderno camino de concentración parcelaria nos lleva hasta Fuencaliente; por la margen izquierda, una poco transitada carretera une Quintanas y Renedo de la Escalera; nos decantamos por la primera opción.


 
El molino de Quintanas

km 7,2: Puente de Renedo de la Escalera

Trascurridos unos 2 km del camino de Fuencaliente, nos desviamos hacia Renedo, cruzando por el puente de la carretera de acceso al pueblo.

Puente de Renedo; a la derecha, el pueblo; al fondo, la inmensa mole de la lora de Valdelucio

 
Al lado del puente, nos encontramos con una de las pocas choperas existentes en el recorrido.

Chopera del puente de Renedo; al fondo, Fuencaliente




km 8,7: Vado del Arenal, en Fuencaliente

Antes de entrar en Renedo por la carretera, a la derecha, surge un camino que se dirige a El Soto y La Poza. Posteriormente, tomando siempre la biburcación de la derecha, el camino se introduce -junto con el Lucio- en el paraje encajonado de El Alambre. Allí existe una caseta de captación de aguas para el cercano Fuencaliente.



Vado del Arenal; al fondo, primeras casas de Fuencaliente
Area recreativa del Arenal; al fondo, caseta de captación de aguas en El Alambre


Al salir del pequeño estrechamiento, surge el vado del Arenal, a cuya derecha se entrevé el Molino del mismo nombre. Fuencaliente se encuentra a apenas 400 metros, pero el río gira hacia el NW, para discurrir por un trazado aproximadamente paralelo a la N-627 (Burgos-Aguilar) durante los próximos cuatro kilómetros.



km 10,1: Puente de la carretera P-620, en Puentetoma

El puente que da servicio a la carretera que, desde la N-627, se dirige a Valdegama y Mave, ha sido rehabilitado recientemente (2015), y sirve también como acceso alternativo a la localidad de Puentetoma.




 
Desde el puente nuevo, aguas abajo, hacia Puentetoma

Desde el puente nuevo, aguas arriba, hacia Fuencaliente


km 10,7: Vado y pasarela de Puentetoma


Originalmente, desde el puente sobre la carretera de Mave, el río Lucio se encaminaba hacia el caserío de Puentetoma, pero el curso del río fue modificado durante las labores de concentración parcelaria, alejándolo del pueblo unos 80 metros hacia el sur, dejando el viejo cauce abandonado, con su antiguo puente de piedra sin agua. Este viejo puente tiene, supuestamente, un origen romano.



El nuevo cauce del río es salvado gracias a un amplio y cementado vado, con una pasarela metálica para el cruce de peatones y ganado. Este tipo de pasarela se repite en dos ocasiones más, río abajo, durante el tramo palentino del Lucio.





km 13,5: Pasarela de Ruipiedras, en Rebolledo de la Inera

Entre Puentetoma y Rebolledo, el Lucio surca tierras de clara vocación ganadera; entre los afloramientos calizos de Gama y la carretera de Aguilar, abundan los prados y las fincas cultivadas de veza o alfalfa. También de cereal.

Un poco antes de llegar a Rebolledo de la Inera, tenemos dos opciones para seguir el curso del Lucio: una sencilla y otra un poco más complicada.

El trazado más fácil consiste en recorrer el kilómetro y pico que separa los dos Ineras, Rebolledo y Renedo, por un cómodo camino de concentración. El Lucio se pierde completamente de vista, encajonado, al otro lado de los afloramientos calizos de Ruipiedras y El Cinto.

El más complicado, y atractivo, consiste en buscar la precaria y escondida pasarela metálica, que cruza el río a la altura del paraje de Ruipiedras. La pasarela carece de tablero, y su metálico pretil no parece muy estable, por lo que su cruce reviste algún peligro para el peatón que decida cruzarla. Si vas acompañado de una bici, mejor que te olvides de cruzar el río por este punto.



Supongo que la pasarela metálica, en origen, estuvo dirigida al cruce peatonal y de ganado entre los ricos pastos de una y otra orilla del Lucio. Quizás nunca llegó a utilizarse. Hoy, dispuesta en mitad de la nada, asaltada por la vegetación, sin plataforma de hormigón, constituye una metálica ruina sobre el profundo cauce del Lucio.

Al otro lado de la pasarela, un desdibujado camino de poco más de 2 km recorre una sucesión de alargados prados, encajonados entre el río y los paredones calizos. Por supuesto que, en época de lluvias, el camino no resulta muy recomendable. El paraje denominado El Molino hace referencia al desaparecido edificio que prestaba sus servicios de molienda a los vecinos del cercano pueblo de Gama, situado a un kilómetro por el camino que remonta el vallejo de Fuente Herreros.



   

km 15,8: Vado y pasarela de La Robliza, en Renedo de la Inera

Tras este primer tramo encajonado, el Lucio respira brevemente a la altura del paraje de La Robliza, en el que un vado y una pasarela permiten acercarse a la pequeña aldea de Renedo de la Inera, con su bonita iglesia románica, que hace que merezca la pena cubrir los 400 metros que separan al pueblo del río.





km 18,2: Puente Este de Villallano (La Quintana)

De nuevo en la margen izquierda del río, continuamos durante apenas medio kilómetros por el camino que finaliza en la carretera de Villallano a Gama. Al llegar a la carretera, giramos a la derecha. El Lucio transcurre plácidamente, dibujando pequeños meandros entre las pradería.




En los alrededores del Coto Navarro, el Lucio recorre otro pequeño tramo encajonado, para abrirse a continuación a la amplia vega de Villallano. En La Quintana, otro vado -este no encementado- cruza el río.



A la altura del puente de hormigón que da servicio a la carretera de la cantera, existen los restos de un puente de piedra, de supuesto origen romano, medio oculto por la vegetación; en estado de ruina, está situado sobre el antiguo cauce del río. Es una pena que el lugar no haya merecido, hasta el momento, mayores atenciones por parte de la autoridad competente.


Puente Este de Villallano, en la carretera de la cantera



 km 18,7: Puente Oeste de Villallano (Solapuente)

Villallano dispone de un segundo puente de hormigón, al Oeste de la población, que sirve a la carretera que comunica el pueblo con Aguilar de Campóo. Es el último puente del río antes de desaguar en el Camesa.



km 19,5: Desembocadura en el Camesa

El último tramo del río Lucio transcurre con la meseta de Las Tuerces como telón de fondo y desemboca plácidamente en el Camesa, 800 metros después de que lo cruzara el último puente de Villallano.

Tramo final del Lucio, camino de su desembocadura

Las Tuerces y, a la izquierda, choperas en el encuentro entre el Lucio y el Camesa






















El Lucio, por la derecha, desemboca en el Camesa



NOTA:

De La Riba de Valdelucio era natural Basilio Humada, que contrajo matrimonio con Leandra Ubierna, natural de Huérmeces. Residieron en Éibar (Guipúzcoa).